Libia, sus hidrocarburos y una nueva reunión en Berlín

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Este año se cumplirá el centenario de la Conferencia de San Remo que sancionó el sistema de mandatos sobre algunos de los nuevos países creados tras el desmembramiento del Imperio Otomano. Este imperio oriental fue uno de los grandes derrotados en la Primera Guerra Mundial y el trauma que supuso la pérdida de sus territorios sigue latiendo en la mente de muchos turcos. De hecho, el padre de la nueva República de Turquía, Kemal Ataturk mantuvo las espadas en alto para intentar recuperar la mayor parte del territorio posible, sobre todo, la provincia de Mosul, donde se sabía que había importantes yacimientos de petróleo en la zona de Kirkuk.

Las negociaciones fueron largas y difíciles pero, al final, Gran Bretaña logró incorporar este territorio a las provincias de Bagdad y Basora y así crear Irak. Desde entonces, Turquía no ha dejado de vigilar su frontera sur, no solo por la amenaza que siente ante la creciente autonomía de los kurdos iraquíes sino porque sigue considerando ese territorio como propio. De momento, ya ha entrado en Siria.

Algo parecido le ocurre con los países de la ribera sur del Mediterráneo. La Turquía de Erdogan mira con nostalgia los territorios que un día pertenecieron a los otomanos pero, sobre todo, se frota las manos ante la posibilidad de acceder a los hidrocarburos que posee Libia. Su reciente apoyo al «legítimo» Gobierno de Trípoli responde al acuerdo por gas que ha firmado con Fayez Sarraj, su presidente. Pero, Libia, sumida en la inestabilidad de una nueva guerra civil por la actuación del general Haftar contra el gobierno de Trípoli, se ha convertido en una difícil partida de ajedrez por la influencia internacional.

Fracasados los intentos anteriores de un alto al fuego, Berlín ha auspiciado una nueva reunión. Sin embargo, es improbable que se avance en algo. Erdogan ha hincado el diente a Libia y en su afán expansionista no es fácil que lo suelte. Un error porque, Haftar es un militar veterano, apoyado por Rusia, y no un recién llegado que pueda ser intimidado por las amenazas del neo?sultán. Entre tanto, los libios siguen sin conseguir la paz y el bienestar que esperaban y necesitaban que trajese la desaparición del régimen de Gadafi.

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