De carreteras y fiscales


Si uno va por Europa en coche y se distrae, corre el riesgo de salirse del país por el que viaja y pasarse al de al lado. Francia, Alemania, Holanda, Bélgica... En España, si uno se distrae, se cae al agua o choca con los Pirineos. El extranjero solo es Portugal y está de espaldas, separado por la España vacía y la pobreza. A Portugal los japoneses llegan en avión. Esa circunstancia hace que los españoles seamos yoístas, que seamos muy seguidos, que diría José Mota. Nos obsesionamos demasiado con nosotros mismos, y a nosotros mismos nos llamamos España. También los catalanes, que, como Kafka con su padre o Milena Busquets con su mamá, nos quieren ajustar las cuentas. Ahora los barberos y los anticuarios, los fruteros y los joyeros, están muy preocupados por el nuevo gobierno, por la nueva fiscala general del Estado, por el nuevo ministro de cualquier cosa. Pero una nación, un pueblo, es mucho más que su Gobierno. Somos usted y yo, los que juegan a la petanca y los que pescan en el dique de abrigo, los que van a nadar a las piscinas municipales y los que conducen autobuses urbanos -que, por cierto, Prada, van muy rápido-. En fin, lo que antes se llamaba el pueblo y ahora se llama los ciudadanos. Es verdad que los políticos son muy atrevidos -como se dice que lo son los necios- y tienen unas ganas enormes de notoriedad. Y en eso se parecen mucho a los concursantes televisivos de las casas y las islas. Pero yo creo que merecen menos atención de la que les prestamos. Como los susodichos.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
10 votos
Comentarios

De carreteras y fiscales