Iglesias: repicar y estar en la oposición


El caso de Pablo Iglesias, feliz vicepresidente del Gobierno, ilustra la enorme dificultad que supone para el líder de un partido antisistema convertirse, de la noche a la mañana, en titular de una institución del Estado democrático. En la entrevista que concedió el martes a Antena 3 Televisión manifestó Iglesias todo su apoyo a la propuesta para la Fiscalía General, y lo hizo con tal seguridad que quedó en un ridículo terrible. Bastaba recordar, con su entrevistador, las durísimas palabras de Iglesias, no hace tanto, sobre la escandalosa relación de la entonces ministra de Justicia con lo que el dirigente de Podemos llamó «las cloacas del Estado». ¿Se imaginan como se hubiera despachado sobre esa propuesta de Sánchez su ahora vicepresidente si en lugar estar del lado del Gobierno hubiera estado del de la oposición?

Pero la ciega lealtad (¡veremos cuanto dura!) de Iglesias al presidente, movida por el interés de no generar conflictos en el Consejo de Ministros del que, hecho insólito, forman parte Iglesias y su pareja (o, tanto monta, Irene Montero y su pareja), beneficiarios del gordo de Navidad con días de retraso, contrasta con las palabras del vicepresidente sobre los jueces españoles, que no parecían las de un miembro del Gobierno sino las de un simpatizante del chavismo: el que defiende la autodeterminación, considera exiliados a los fugados de la justicia y presos políticos a los condenados en el juicio del procés y propaga sobre la justicia española todas las mentiras que salen de la fabrica de intoxicación montada por el separatismo catalán.

Las palabras de Iglesias sobre la humillación que, supuestamente, han sufrido nuestros jueces por los tribunales europeos fueron de tal gravedad que, en un acto sin precedentes, la permanente del Consejo General del Poder Judicial, en la que se sientan también consejeros nombrados a propuesta del PSOE, emitió de inmediato, por unanimidad, un comunicado desautorizando de plano las palabras ¡del vicepresidente del Gobierno!

Los medios de comunicación han recogido de tal comunicado sobre todo su llamamiento «a la moderación, prudencia y mesura y a la responsabilidad institucional para evitar la utilización política de la justicia o el cuestionamiento de la independencia, la imparcialidad y la profesionalidad» de los jueces, pero no eso lo fundamental, sino su radical desautorización de la veracidad de lo dicho por Iglesias, que repite el mensaje manipulado del separatismo. El CGPJ deja claro, y esto es lo esencial, que las dos sentencias de los tribunales europeos dictadas en relación con los hechos del procés no han desautorizado ni de lejos a nuestros tribunales: el de Luxemburgo cambió su doctrina en la materia, lo que llevó al Supremo a actuar en consecuencia, y el de Estrasburgo confirmó plenamente la decisión del Tribunal Constitucional de suspender el pleno del Parlamento catalán de 9 de octubre del 2017. Esa es la verdad y lo de Iglesias -algo vergonzoso-, solamente propaganda del secesionismo.

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