«Minority Report» en Fontainebleau


Supongo que la conocen, película de Spielberg del 2002, desde mi punto de vista un blockbuster menor en su filmografía, de nuevo en el género de ciencia ficción aprovechando que venía de malograr el año anterior la espléndida idea de Stanley Kubrick con A. I. Inteligencia Artificial. Como en esta última, un final lacrimógeno y pueril da al traste con un buen punto de partida; en el caso de Minority Report, la posibilidad de que en el futuro se puedan predecir los delitos antes de que se produzcan y, por tanto, detener previamente a sus potenciales autores y evitarlos.

La película, ya digo, no pasará a la historia, lo que no es óbice para que dentro de un par de años ocupe algunos minutos en los telediarios en plan «se cumplen dos décadas del mítico filme...», como ocurre ahora con algunos títulos de los 90 que, sin tener más enjundia que una buena cifra de recaudación, son considerados hitos del séptimo arte, como si estuviéramos hablando de Casablanca, Ciudadano Kane o El Padrino. En fin, cosas de millenials, o más bien de la generación Z.

Creo que la frase que he repetido más veces en esta columna es esa de que «la realidad supera a la ficción». Y una vez más se ha cumplido. La semana pasada fueron apresados cinco españoles integrantes de una banda liderada por el alunicero El Niño Juan (Juan María Gordillo) que iban a robar, por encargo de la mafia china, los tesoros del palacio de Fontainebleau. Y la clave del asunto está en ese pretérito imperfecto de indicativo -iban- que reconoce que los detenidos tenían intención de dar un golpe, pero todavía no lo habían hecho. Vamos, que ni siquiera habían arrancado una brizna de hierba en los jardines del château.

Según la policía, las pruebas del crimen son clarísimas: habían ido a una conocida cadena deportiva para adquirir ropa de color oscuro; habían comprado un hacha, picos y destornilladores, material «utilizado habitualmente en asaltos violentos»; se habían alojado en un F1 (un hotel low cost), y se desplazaban en dos vehículos intercambiando las plazas. Así que ya lo saben, ojo con el chándal del Decathlon, con las herramientas de bricolaje que tienen en casa y con ahorrarse unos euros en su próximo viaje, o pueden acabar igual que Tom Cruise... y El Niño Juan.

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