Buscando la «media naranja» en la naturaleza


Imagínense que llevan unos meses esperando una cita en primavera, preparando su traje o su vestido para estar deslumbrantes, ahorrando y pensando cómo van a actuar en un momento tan especial. Llegado el día, salen de su casa con destino al punto de encuentro, pero la pareja no se presenta; tras horas de espera y desolación aceptan que la cita ha fracasado. Por extrañas razones, su potencial media naranja llegó un día tarde.

La naturaleza también está llena de citas. Los insectos se citan con las flores, los pájaros con los frutos y muchos otros grupos de plantas y animales interaccionan a lo largo del año manteniendo así la extraordinaria complejidad de nuestros ecosistemas. Imagínense ahora que uno de los miembros de esas parejas, por ejemplo un insecto polinizador, no acude al encuentro con una planta en el momento adecuado. Pues bien. Un estudio publicado esta semana en la revista Nature Ecology and Evolution muestra que muchos polinizadores han adelantado su período de actividad casi una semana en respuesta al cambio climático. El fenómeno está siendo más acusado en las poblaciones del sur del continente. De manera concreta, en el 2016 los insectos polinizadores emergieron casi una semana antes que en 1960, a la vez que su período de actividad se ha acortado casi dos días entre esos años.

Muchos insectos polinizadores están tratando de adelantar sus fechas de emergencia para sincronizarse con las flores, tratando de ajustarse así a la época de floración de las plantas, su cita anual. Si plantas y polinizadores dejan de solapar sus períodos, las consecuencias para muchos cultivos agrícolas, para la conservación de la biodiversidad, etcétera, pueden ser dramáticas.

Obviamente, la cuestión es mucho más compleja de lo que yo les cuento, pero, si lo piensan, ese desencuentro puede comprometer muchos procesos biológicos y cada vez existe más evidencia de que está ocurriendo. También está documentado que muchas de estas alteraciones se producen de manera especial en los años más áridos y, por tanto, pueden ser más frecuentes con el incremento global de las temperaturas.

Sé que los lectores, al menos la mayoría, no dejarían de acudir a una cita porque el día sea muy caluroso: una buena ducha y el aire acondicionado compensarían los termómetros en unos minutos. Pero en la naturaleza esa compensación, de producirse, es mucho más compleja, y la media naranja puede llegar tarde o haber desaparecido.

Muchos procesos naturales dependen de la temperatura: la emergencia de insectos, la apertura floral, las migraciones de algunas especies de animales, etcétera; su aumento los alterará, aunque desconocemos en qué medida. No sé si por suerte o por desgracia, las plantas y los animales no disponen de aplicaciones para que «abejorros y gencianas exigentes» se encuentren, pero no tengan duda de que han dejado en nuestras manos la puntualidad de sus citas.

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