Mucha África, y muy cerca de España


Los estereotipos no pueden ser eternos, y menos aún cuando se basan en realidades simplistas o sesgadas. África bulle con mucha fuerza, pero sigue desterrada en un lugar que no merece, porque no es real.

África es potencial. Su tierra aglutina recursos hídricos y energéticos que permitirían funcionar a todo el planeta. Sin embargo, no tiene las herramientas para gestionarlos. Su crecimiento económico es un reclamo, pero es urgente afrontar una profunda transformación industrial para que toda la población se beneficie del progreso. Hoy, la habitan más de 1.200 millones de almas y, en 2050, el 25% de la población mundial será africana. Este crecimiento humano bien gestionado será su gran riqueza, pero generará más desolación si África no avanza en democracia: solo la buena gobernanza -aún muy lejos en el horizonte africano- garantizará su ahora, pero mucho más su futuro.

África es vida, pero -en muchos lugares y para millones de africanos- «luchar por vivir» es demasiado oneroso. Frente a tanto potencial, el funesto triángulo del conflicto armado, la violencia yihadista y el crimen organizado dinamitan el devenir africano. Las revueltas armadas o los enfrentamientos tribales -agravados por la enorme desertificación- se disparan; el terrorismo de carácter salafista se expande por el Sahel, y -más allá de su perversa ideología- se ha convertido en escape para muchos jóvenes frustrados; y, como oxígeno «financiero» de tanta conflictividad, la criminalidad -tráfico de seres humanos, drogas, o armas- domina sin control dentro, y buscando el fuera, de África.

Sin embargo, nada está perdido y no vale el determinismo. Nos cuesta darnos cuenta, pero el devenir de África y Europa es y será común, o -definitivamente- no será. España ha tomado buena nota, pero puede implicarse más. Nuestro futuro está en el continente africano. Estamos, debemos estar más, en la política, la diplomacia y la economía; y, con reconocido esfuerzo, somos factor clave para incrementar la seguridad de millones de africanos. En el marco de la Unión Europea, España es el único estado miembro que ha desplegado y despliega en todas las misiones militares en África desde 2003, y hoy -con más de 700 militares sobre el terreno- es el mayor contribuyente del esfuerzo europeo a la paz africana. Sin duda, la solución no puede circunscribirse únicamente al ámbito militar, pero la seguridad es siempre un imperativo para avanzar hacia un desarrollo sostenible.

«Todos somos si somos juntos»: Ubuntu. Nos queda mucho camino por recorrer, nos queda mucha África por vivir. En esta andadura, España puede y debe estar cada vez más cerca.

Por Jesús Díez Alcalde Teniente coronel. Analista del Instituto Español de estudios Estratégicos

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