Decía el otro día en una entrevista Cristina Pedroche que le encantaría ser la nueva Anne Igartiburu, que no le importaría estar dando las campanadas (que no la campanada) todos los años por estas fechas. Que ella le pondría todo «el corazón» (y yo añado que todo el cuerpo) a una cita que ya la ha convertido en la reina del destape. Desafortunada me parece esa comparación con la impecable Anne, que da siempre en Fin de Año una lección de estilo en lo profesional con sus magníficos looks. Pero a muchos Cristina les hace gracia porque siempre está ahí para calentar motores y convertirse en esa burbuja de una televisión que ya no sabe cómo provocarnos interés. Ella se ha puesto el desnudo por montera y se ha promocionado estos días casi en cueros -con una simple malla color carne- en plena Puerta del Sol para reclamar nuestra atención en su silueteado cuerpo. A Pedroche le queda poco, poquísimo que ocultar, excepto mostrar si tiene alguna marca de nacimiento en el pubis o si se ha hecho la láser al completo. Pero el resto ya se lo hemos visto en todas sus maneras y modos. Por eso da la risa que a estas alturas del siglo, en estos nuevos felices años veinte, a alguien todavía le tiemblen las piernas por comprobar si Cristina Pedroche se desnuda en directo en Nochevieja. Me temo que no le queda nada ya nada por enseñar.

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¿Pedroche se va a desnudar?