Desde El Cairo

Luis Ferrer i Balsebre
luis ferrer i balsebre TONEL DE DIÓGENES

OPINIÓN

22 dic 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Llegar a El Cairo es sumergirse en un enjambre de vehículos canoros que van y vienen como un cardumen desorientado en el polvo y la arena del desierto. Un anárquico pentagrama donde cuarenta millones de almas sobreviven milagrosamente a una interminable sinfonía de bocinas. 

La civilización más antigua y avanzada que conocieron los tiempos late bajo mil minaretes fatitas, otomanos y mamelucos que siguen llamando a la oración a Auguste de Mariette, Champollion, Howard  Cárter, Belzoni y tantos otros sabios europeos que  hace un siglo desempolvaron el alma del antiguo Kemet.

Egipto no es de nadie y es de todos; cualquier ser humano puede sentir la energía del padre Nilo como propia porque ahí empezó todo lo que entendemos como civilización. El tiempo se comba al contemplar un sofisticado esplendor de más de tres mil años antes de que levantáramos nuestro primer románico. Antiguo, digo, porque el actual es un lugar en rústica y sin encuadernar, pobre y descuidado en medio de islotes modernos que visten de Zara y comen McDonald’s.