PP, Cs y la guerra de las investiduras


Aunque resulta cansino tener que insistir en cosas evidentes, lo cierto es que algunas parecen ser inaccesibles para los pocos dirigentes del PSOE que se han atrevido a mostrar en público su rechazo a que Sánchez sea investido con el apoyo de los separatistas.

En medio de un trágico desierto socialista, Lambán, Fernández Vara y García-Page, presidentes de Aragón, Extremadura y Castilla-La Mancha, alzan su voz contra el pacto entre el PSOE y ERC y exigen al PP y a Ciudadanos que lo eviten, como si una cosa y la otra guardasen una relación de causa-efecto. Es decir, como si el motivo que ha llevado a Sánchez primero a repartirse el Gobierno con Podemos, y, después, a entregarse atado de pies y manos a un partido dirigido por quien está en prisión por malversador y sedicioso, fuera el rechazo de Casado y de Arrimadas a una previa oferta socialista.

Sin embargo, cualquiera que haya seguido la política española desde las elecciones del 10-N sabe que tal oferta nunca se produjo y sabe, por tanto, que si llegamos a tener en España un Gobierno de coalición socialista-podemita sostenido por el independentismo será porque Sánchez eligió tomar ese camino demencial: dos días después de los comicios anunció un pacto con Podemos, del que no tenían noticia ni siquiera sus colaboradores más cercanos, pacto que obligó a Sánchez a buscar luego la venia parlamentaria de los separatistas. En eso anda.

Lambán, Fernández Vara y García-Page y, con ellos, muchos españoles, creen que la única forma de evitar que el país quedé secuestrado por Junqueras y por Rufián es que el PP y Ciudadanos apoyen a Sánchez, o, lo que es lo mismo en la situación en que ahora estamos, que apoyen el Gobierno de coalición del PSOE con Podemos, pues a ninguno de los tres presidentes regionales les hemos oído exigir lo que sería lógico y cabal para alcanzar el objetivo que dicen perseguir: que Sánchez vuelva al punto de partida y rompa su acuerdo con Iglesias. Solo en tal situación pedir el apoyo del PP y de Ciudadanos sería razonable y no, como ahora, una forma por medio de la cual Lambán, Fernández Vara y García-Page practican un obsceno juego de ventaja para nadar con sus respectivos electores y, al mismo tiempo, guardar la ropa con su poderoso secretario general.

Tras ganar las elecciones del 2015 con tres diputados más de los que ahora tiene el PSOE, Rajoy hizo una oferta en firme de gran coalición a Pedro Sánchez, a la que, como es conocido, aquel dijo no durante meses. El líder socialista, lejos de comportarse de un modo similar tras las elecciones del 10-N, se echó sin pensárselo dos veces en manos de Podemos, lo que significaba echarse también en manos de ERC. Que se pretenda ahora hacer responsables del laberinto en que Sánchez se ha metido al PP y a Ciudadanos, o que se intente que uno u otro deshagan la segunda operación dejando la primera como está, supera con mucho los límites de la vergüenza más elemental.

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