La necesaria lucha contra el cambio climático


Existe amplio consenso sobre que la actividad humana es el factor fundamental que provoca el incremento en la temperatura del planeta, cifrado en 1 grado centígrado desde la época preindustrial. En este sentido, el IPPC (Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas) estima que el calentamiento global llegará a 1,5 grados alrededor del 2030 si continúa creciendo al mismo ritmo que en la actualidad, y que, de continuar con esta senda, la temperatura global se incrementaría entre 4 y 5 grados a final de siglo.

Para mitigar este efecto, 187 países, entre los que está España, suscribimos en el 2015 el Acuerdo de París, que tiene como objetivo limitar a 2 grados ese incremento y hacer todos los esfuerzos posibles para que el aumento quede entre 1,5 y 2 grados. Sin embargo, con las contribuciones comunicadas por los países en el marco de dicho acuerdo, el mundo se sitúa en un incremento de 3,2 grados centígrados. De ahí que el mensaje más repetido en la COP25 de Madrid haya sido el llamamiento al aumento de la ambición en los objetivos de reducción de los países y la concreción de más y mejores medidas de acción climática.

La causa fundamental de los incrementos de temperatura son los gases de efecto invernadero. Para el 2030 debemos haber reducido las emisiones mundiales de estos gases a la mitad, comparadas con los niveles actuales, para estar dentro del margen necesario para limitar el calentamiento planetario a esos 1,5 grados. La recomendación del IPCC es que nuestros sistemas de energía basados en combustibles fósiles deben cambiar si queremos mantenernos dentro de los límites del Acuerdo de París del 2015. No se puede olvidar que la energía emite el 75 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, por lo que es un sector clave en la búsqueda de soluciones al cambio climático. La transformación de la generación eléctrica es ya una realidad. El cierre de centrales de carbón, el crecimiento de generación con renovables y, especialmente, la inversión en innovación han permitido en poco tiempo visualizar soluciones que reducen drásticamente la intensidad carbónica de la electricidad que consumimos.

Las renovables del futuro no se limitarán a la electricidad como hasta ahora. El gas también puede ser renovable y neutro en CO2. Este nuevo vector energético, producido a partir de residuos orgánicos o de excedentes de electricidad renovable en momentos de baja demanda, es una apuesta de futuro que no debemos obviar.

Naturgy ha dado un importante giro en su mix energético apostando por un futuro bajo en carbono y sostenible. En los últimos seis años ha reducido sus emisiones directas de gases de efecto invernadero en un 26 % y ha dado un impulso clave a las renovables, la eficiencia energética y el gas natural y el renovable como agentes aceleradores de la transición hacia una economía baja en carbono y como palanca para la mejora de la calidad del aire.

Para concluir, es fundamental el papel de las comunidades autónomas. En este sentido, Galicia está en una buena situación para aprovechar la oportunidad de la transición energética y convertirse en un territorio más sostenible con la instalación de fuentes de energía renovables, con un inmenso potencial eólico. Nuestra apuesta aquí ha sido inequívoca: Naturgy construyó el primer parque eólico de Galicia en 1990, Cabo Vilán, y seguimos comprometidos con el desarrollo sostenible de esta región, como ponen de manifiesto los parques eólicos que estamos ahora mismo concluyendo o la cartera de proyectos, que supera los 300 MW para desarrollar a partir del 2020.

Por Alfredro Ingelmo Torres Director de Salud y Medio Ambiente de Naturgy

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