Venezuela: donde se juega el futuro de la libertad


Venezuela lleva 20 años viviendo una terrible pesadilla que se agrava cada día. Empezó con un «a nosotros no nos va a pasar», «la democracia es fuerte y resiste», «Venezuela no es Cuba». Poco a poco, casi imperceptiblemente, la libertad se comenzó a deteriorar. En nombre de la revolución bolivariana se restituían agravios centenarios imposibles de saldar, se iban patrimonializando las instituciones, que comenzaron a ser chavistas y bolivarianas en lugar de venezolanas; se nacionalizaron propiedades a los más ricos para que todos fuesen igual de pobres y hoy nadie tiene ni lo más elemental: ni alimento diario, ni agua corriente, ni luz, ni libertad. Eso sí, Venezuela esta cargada de dignidad. La dignidad de las fuerzas democráticas que predican con el ejemplo y no se han dejado llevar ni una sola vez por la trampa de la violencia, ni la venganza. La dignidad de los que se resisten a buscar fuera lo que tenían dentro, de los que saben distinguir el mal y eligen hacer el bien, a pesar de las consecuencias. La dignidad de representar a un pueblo engañado y menospreciado al que se ha querido maltratar.

Mientras tanto, nosotros, las democracias occidentales tan cómodamente instaladas en la libertad que otros nos lucharon, hemos decidido asumirla como algo debido, que no necesita ni defensa ni cuidado, y contemplamos su ausencia en otros países como una triste anécdota curiosa. Ahí es donde entra la política, esta vocación tan denostada, que en estas ocasiones se llena de sentido. Cuando parece que todo está perdido, que nada tiene sentido y que nunca llegará la libertad, unos cuantos diputados y senadores de distintos países llegamos a Caracas a pedir un kit básico de democracia: libertad, respeto a los derechos humanos (y al que piensa diferente) y elecciones libres y con garantías. Ante el horror no valen excusas ni equidistancias, no se puede mirar para otro lado. Pedimos sanciones individuales para los que, tras dejar el país en la miseria, lo han abandonado y pretenden disfrutar de lo robado. No es justo, no es moral y no podemos permitirlo.

Sabemos que nuestra presencia no pasa de testimonial, poco puede añadir un gesto tan pequeño al comportamiento de los gigantes héroes demócratas venezolanos. El mundo hoy tiene en Caracas y en la oposición democrática la plaza donde se juega el futuro de la libertad. La lucha está siendo larga, y no sabemos cuándo llegará el final, pero que no hay acto inútil. La sangre de los mártires de la democracia será el precio para construir sobre pilares sólidos una sociedad democrática capaz de valorar y defender su bien más preciado, la libertad. El resto, tomemos nota. Ustedes sigan con su lucha y cuenten con nosotros.

Por Valentina Martínez Ferro Secretaria de Relaciones Internacionales del PP y diputada por A Coruña

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