Enamorados de Baby Yoda


Algunos de los colmillos más afilados de la crítica televisiva de Estados Unidos han caído rendidos de amor ante el último personaje facturado por Disney para el universo en perpetua expansión de Star Wars. Cuando los fans de la saga pensaban que jamás verían nada más adorable que el droide rodante BB-8, cuando los más dogmáticos se preparaban para defender que solo los productos originales merecen la pena, Jon Favraeu, creador de la serie The Mandalorian, ha desarmado al público con una minúscula marioneta. Ha sido bautizada como Baby Yoda y es un dulce cachorro verdoso de grandes ojos y orejas puntiagudas de la misma especie que el maestro más sabio de la galaxia, pero con cientos de años menos.

Desde que Star Wars se convirtió en una propiedad de Disney, la creación de George Lucas ha multiplicado sus títulos y su mercadotecnia hasta límites insospechados como solo el gigante de la animación sabe hacer. Sin embargo, en una calculada estrategia de seducción, su juguete más deseado de los últimos tiempos no ha salido a la venta en el mismo lote que la nueva remesa que acompaña al inminente estreno en cines del capítulo nueve. Por ahora tampoco puede verse oficialmente fuera de EE.UU., Canadá y Holanda, únicos países donde opera Disney+ y donde se emite la serie en exclusiva. Baby Yoda es de otra liga. Por su tamaño juzgarlo no debes.

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