La presión sobre «GH»


redacción / la voz

Año 2013. Gran hermano decidía aplicar a una concursante revoltosa un castigo ejemplar que, por dictados de la audiencia, se ejecutó en directo y en pleno horario estelar. Más por falta de sensatez que por convicción ideológica, la chica había hecho un comentario dentro de la casa insinuando que apoyaba el regreso de la banda terrorista ETA. Enseguida rectificó y pidió perdón al darse cuenta de que no estaba sola y sus disparates se escuchaban en los salones de media España, pero el programa no tuvo piedad. «Mediaset no puede pasar por alto este tipo de bromas», señalaron entonces en tono muy digno quienes durante años han promovido el «todo vale».

Si Mediaset procedió de esa manera fue por proteger a su reality más longevo y rentable de vivir una situación parecida a la que experimentada un año antes por La noria. Un programa de éxito estrangulado por los anunciantes como consecuencia de un sonoro boicot promovido en redes sociales tras haber entrevistado, cheque de por medio, a la madre de un implicado en el asesinato y desaparición de Marta del Castillo. De la diligencia de entonces, al atajar el problema de raíz, Gran hermano ha pasado ahora a la estrategia del silencio y de esconder bajo la alfombra la dudosa gestión de una presunta violación ocurrida en una casa vigilada por cámaras las 24 horas. La fuga publicitaria acaba de empezar.

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