Emergencia sociopolítica


Si la exhumación de Franco pasará a los libros y a la propia historia de la fallida XIII legislatura; en el previo de la XIV ya sabemos que será histórica por sí misma -la inconcebible repetición electoral- y por la brutal metástasis de escaños de un partido con poca esencia democrática y mucha frivolidad política. La culpa es tan fea como el odio, mejor hablar de reparto de responsabilidades en la asignación de (de)méritos; y a la vista de los resultados parecen inversamente proporcionales al reparto de escaños. Pero los trasteros de todas las formaciones políticas guardan porciones de discursos, relatos y argumentarios no exentos de pecado original, con mayor protagonismo de los líderes con prerrogativas para ello (spin doctors incluidos). En las elecciones del 10-N ganamos en pluralismo político, son 16 los partidos que han obtenido representación parlamentaria; el reverso está en la dificultad de desbloqueo por la fragmentación y polarización del voto. Los trasvases parece que fluyen más por cauces territoriales e identitarios que en los márgenes de la izquierda-derecha. Y si lo sucedido con Ciudadanos efectivamente se estudiará en las facultades de Políticas, diseccionando el cuerpo del delito; la anatomía de la emergencia de Vox debería ser puesta en la mesa de análisis y operaciones politológicas y sociológicas, escrutando cada músculo y latido de ese ser o criatura política que sabemos vivía latente en la madriguera de la derecha atrapalotodo. Un caballo de Troya que viene a embestir la democracia y a contaminar de involución y paisaje gris nuestra realidad social, cultural, política y económica del siglo XXI. El vórtice de la extrema derecha amenaza nuestra estabilidad, enarbolando un discurso fácil de ver, pero difícil de entender y mucho menos compartir y/o respetar. Quiero pensar que la mayoría de sus votantes aún no se han leído la letra pequeña, y que, cuando lo hagan, cambiarán. Ante la emergencia sociopolítica, como la climática, debemos recapacitar sobre recursos, viabilidad de estrategias y transitar hacia un cambio de energías de renovación e innovación democráticas. Para combatir esta lesión medular en nuestro sistema político e institucional, además de intensificar hábitos democráticos saludables, sería bueno combatir el sobrepeso de egos de muchos dirigentes políticos que son los verdaderos responsables de esta anómala irrupción. La ciudadanía, a pesar del hartazgo, respondió de nuevo: es hora de canalizar respuestas con sensatez para el interés común. ¡Me alegro de que Galicia tenga voz en Madrid!

Por Mar de Santiago Profesora de Ciencia Política y Sociología de la Universidad de Santiago

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