El bloqueo mental llenó las urnas


Meticulosamente asesorado por Iván Redondo, y tras poner el Gobierno al servicio del PSOE, Pedro Sánchez acaba de batir algunos récords difíciles de superar. Fue el único candidato a presidente que perdió su escaño -«no es no»- para bloquear la investidura de 2016; el único que llegó a la Moncloa sin ganar unas elecciones, y el primero que pide que ahora se deje gobernar a la lista más votada. También fue el que más tiempo okupó de forma interina la presidencia del Gobierno; y el que menos tiempo la ocupó en términos institucionales. También le cabe el honor de haber convocado más elecciones en menos tiempo (dos en seis meses); el que gobernó con menos escaños (83) gracias a una censura Frankenstein; el que no consiguió aprobar ningún presupuesto; el que obstruyó con mayor desparpajo las reformas estructurales; el que más derrapes y trompos hizo en la cuestión catalana; el que bloqueó una investidura desde la Moncloa, y trasladó más cadáveres de un cementerio a otro, para aumentar su pírrica victoria electoral obtenida del 28M; y el que habiendo tensionado al máximo nuestro sistema político, para aumentar su victoria, bajó de 123 a 120. Por eso sería de agradecer que, para culminar coherentemente esta alocada carrera por el Guinness, fuese el presidente y candidato que dejase transcurrir menos tiempo entre su colosal batacazo y su necesaria y profiláctica dimisión.

El espectacular resultado de Vox (52 escaños) también nos permite decirle a Sánchez que, quien tantas veces acusó a Rajoy de ser una fábrica de independentistas, acabó constituyéndose en la más eficiente fábrica de votos de extrema derecha de Europa. Y, por si algo le faltaba, también le debemos a Sánchez que, al destruir su propia imagen y la del PSOE, tras haber pisado todos los callos que pudo en los pies de sus aliados, ha barrido del mapa las muy escasas posibilidades que había de evitar un nuevo bloqueo.

La España de hoy está más bloqueada y es más ingobernable que la de abril, porque la evidencia de que ningún partido ni coalición está en condiciones de gobernar con solidez este país no quedaría desmentida por el hecho de que el vértigo de unas quintas elecciones (terceras sin Gobierno) obligase a los partidos a hacer una investidura-trampa.

Casado se salva de la quema por vía indirecta, ya que, a pesar de no cumplir sus expectativas, quedó asentado en el liderazgo de su partido gracias a la quiebra de Ciudadanos y a la conversión de Vox en un molesto invitado que muchos españoles querrán descartar. Y Errejón, que quiso ser renovación y esperanza, acabó convertido en una excrecencia del multipartidismo, que ahora ya mete nuevos grupúsculos en el sistema como resultado de una automática multiplicación filética -así lo decía Zubiri- de los partidos actuales.

Reconozcamos, finalmente, la irresponsabilidad de los ciudadanos, que, a pesar de tener todos los datos sobre la mesa, repitieron este caótico Congreso. Aunque reconozco que un bloqueo tan buscado es impecablemente democrático.

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