Las sombras chinescas de Albert Rivera


No va tan sobrado Albert Rivera como para andar deleitando al personal con una exhibición de sombras chinescas. El espejismo es obra del buen ojo del fotógrafo que ayer lo captó a contraluz, en el instante en el que sus manos parecen dibujar la cabeza de un perro, llámese Lucas. La imagen tiene algo de relato desdichado, porque sugiere, sin necesidad de ir a las encuestas, que Rivera apunta a sombra de lo que pudo ser. Tampoco es que sus contrincantes hayan roto la pana durante estos días, pero el susodicho cachorro de prestado y un adoquín de las calles de Barcelona sobresalen sospechosos entre las aportaciones del líder de Cs a la campaña. Como si este hombre que se veía ocupando, como poco, la vicepresidencia del Gobierno, hubiese tenido una revelación. Y su objetivo en la vida fuera ahora ser, gracias a Lucas, la piedra y sus bandazos, el protagonista del concurso de memes de una red social.

Rivera presenta a un cachorro como su arma secreta: «El que se meta conmigo se las tendrá que ver con él»

La Voz

Las encuestas prevén un batacazo el 10N para la formación naranja

La campaña electoral más breve que se recuerda ha dejado este domingo una de sus imágenes icónicas: la de Albert Rivera sosteniendo a un cachorro. «Os presento el arma secreta», comienza el líder de Ciudadanos mirando a cámara con el rostro lleno de confianza. Levanta a un perro y lo presenta como Lucas, la mascota de Pablo Sarrión, del equipo de comunicación del partido, con el que están «empezando a preparar el debate».

Rivera eleva aún más la cabeza del can hasta clavar su nariz en él y afirmar: «Es para comérselo. Aún huele a leche, es un bebito». El candidato de Ciudadanos termina el vídeo advirtiendo que, quien le ataque en el debate, «se tendrá que enfrentar a Lucas».

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
3 votos
Comentarios

Las sombras chinescas de Albert Rivera