Tigres, leones y camaleones


«Tigres, tigres, leones, leones, ¡todos quieren ser los campeones!», rezaba la canción de Torrebruno, que no podemos aplicar a la política española. Tras el entrenamiento de las elecciones europeas celebradas el año anterior, la competición se ha transformado desde el 2015, en buena medida, debido a la aparición de nuevos jugadores. El cambio tuvo que ver con las tensiones ocasionadas por la gran crisis, casos de corrupción y, sobre todo, el procés. La mutación del nacionalismo en independentismo en Cataluña y su estrategia de polarización y menoscabo institucional explican, en buena medida, el crecimiento de Ciudadanos y Vox.

Estas dos fuerzas, al igual que otros partidos challengers en distintos países europeos, tales como Reagrupamiento Nacional -antiguo Frente Nacional-, la Liga -antes Liga Norte- o Alternativa para Alemania, son partidos camaleones. Un partido camaleón identifica hábilmente los temas que dañan electoralmente a las fuerzas políticas rivales, como el desafío a la integridad territorial del Estado, el esfuerzo fiscal, la inmigración, el multiculturalismo u otros en función del contexto de la elección. A continuación, en base a ese diagnóstico, diseña una estrategia retórica para la defensa de sus posiciones, acompañada de una serie de tácticas dirigidas a reestructurar el proceso de decisión, a través del cambio de reglas, al menos informales, y jugadas vistosas que mantengan la atención del público en los asuntos que le interesan.

Los estrategas políticos viejos les acusarán de poco innovadores, con razón, pues la modificación del escenario de competición a través del énfasis selectivo en los temas en los que un partido tiene mayor reputación a ojos de los ciudadanos es una jugada habitual de tigres, leones y otros campeones. Los politólogos disponemos de literatura al respecto, entre la que ocupa un lugar destacado el clásico de William Riker The Strategy of Rhetoric: Campaigning for the American Constitution (Universidad de Yale, 1996), monografía que da cuenta del éxito de los federalistas en el proceso de ratificación de la Constitución de Estados Unidos, abierto tras la adopción del texto, en septiembre de 1787, en la Convención de Filadelfia.

Sin embargo, un atributo distingue a los camaleones de sus adversarios políticos convencionales: su rapidez a la hora de detectar los asuntos que les benefician en cada momento y reenfocar, continuamente, su estrategia. Mientras, los temas que llamamos «de propiedad» de los partidos tradicionales (crecimiento económico para el centro derecha, extensión de derechos para los socialdemócratas, o desarrollo sostenible en el caso de los partidos verdes, por ejemplo) resultan más estables.

La noche electoral del 10-N sabremos si los últimos acontecimientos en Cataluña, que han aumentado el protagonismo de asuntos beneficiosos para los partidos de derecha (como seguridad o estabilidad económica), modificarán el equilibrio entre bloques ideológicos, quizá a través de la abstención de votantes de Ciudadanos que procedían del Partido Socialista. También se determinará el papel institucional de Vox durante la próxima legislatura. Los últimos sondeos no descartan un nuevo Congreso similar al Bundestag alemán tras las elecciones del 2017, con el challenger de derecha como tercer partido. Sánchez ha descartado un acuerdo con el PP, si le corresponde nuevamente formar gobierno, con lo que los de Abascal en ningún caso liderarían la oposición.

Pero, centrémonos, primero, en nuestro asunto: pitar este partido, con nuestra abstención o nuestro voto, el domingo 10 de noviembre, entre las 9 y las 20 horas.

Por Cristina Ares Profesora de Ciencia Política en la Universidad de Santiago de Compostela

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