El fúnebre desahucio


Nadie recordaría hoy al tirano Nerón, el más famoso de los emperadores romanos, si los sabios del Imperio no hubiesen decretado contra él la damnatio memoriae -una especie de ley de memoria histórica, sin Zapatero ni Sánchez- y hubiesen borrado su rastro hasta el último pergamino y el último sestercio. Nadie sabría dónde estaba Cartago si el Senado no le hubiese encomendado a Escipión Emiliano -delenda est Carthago (hay que borrar del mapa a Cartago)- la misión más extrema de la historia militar. No existiría la Iglesia, ni la cultura occidental, ni las tres cuartas partes del patrimonio europeo, ni la colosal cruz del Valle de los Caídos, si Pilatos hubiese castigado al díscolo Jesús con dos noches de calabozo, en vez de librarse de Él crucificándolo en el Calvario. Porque la memoria es rebelde e imprevisible, y nadie ha sabido explicar por qué la humanidad, desde Adán hasta hoy, recuerda cien aberrantes animaladas por cada prodigio constructivo.

Para leer más, suscríbete

NO TE QUEDES SOLO
CON LOS TITULARES
WEB+APP SIN LÍMITES
Lee todas las noticias en la edición digital y la aplicación, accede a contenidos exclusivos y disfruta de una lectura sin publicidad intrusiva
4,95 € /mes
Prueba 30 días gratis
Sin compromiso de permanencia
VERSIÓN PDF
Lee en PDF el periódico diario y las revistas YES, Mujer Hoy y XL Semanal, y accede a la hemeroteca de La Voz desde 1882
9,95 € /mes
Suscríbete
Sin compromiso de permanencia

El fúnebre desahucio