Y Franco venció, pero no convenció


El necesario traslado de los restos de Franco se comió incluso al desafío secesionista. No hubo otro tema en teles y en redes. Vimos poco, por respeto, pero comentamos mucho, pues la ocasión lodemandaba. La mayoría lo hizo con abundante retranca y con la dosis justa de controversia y mal rollo, como corresponde a una sociedad democrática, madura y algo cínica, que ha pasado página, aunque no haya cerrado el negro capítulo de las víctimas en fosas y cuneta

Tenemos abundantes ejemplos de figuras oscuras y regímenes atroces y ominosos que fueron blanqueados por el paso del tiempo. Nostalgias y mitificaciones aparte, con el franquismo no ha ocurrido lo mismo. Y no parece que pueda pasar. Fue erigido en un país devastado y cimentado sobre el odio y los desastres de la guerra. Sobrevivió gracias a una coyuntura internacional favorable y a la habilidad del dos veces inhumado para enfrentar entre sí a las facciones que respaldaban su autoritario mandato.

Hay dudas sobre sí Miguel de Unamuno (de actualidad por el Mientras dure la guerra de Amenábar) dijo en un legendario duelo dialéctico de 1936 «Venceréis pero no convenceréis» o «Vencer no es convencer». Lo que es seguro es que el filósofo y escritor bilbaíno a la larga ganó. Y perdieron Millán Astray y Franco. Aquel dictador oportunista de voz aflautada y puño de hierro que sojuzgó a varias generaciones de españoles pensó que había dejado todo «atado y bien atado», pero se equivocó. Ni siquiera pudo asegurar su propia tumba. Y la historia no lo absolverá.

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Y Franco venció, pero no convenció