A los pies de los violentos


Cuando ves a alguien salir corriendo de un lugar es normal que te preguntes qué sucede para que ese destino no sea apetecible. Eso es lo que viene sucediendo en los últimos años en las plantillas adscritas a la Jefatura Superior de Policía de Cataluña. Cientos de policías nacionales que, tan pronto pueden, piden en el Concurso General de Méritos otros destinos. Esta misma situación se viene produciendo en los dos últimos años en las Unidades de Intervención Policial, donde la penosidad y las condiciones laborales de unos agentes que son comisionados más de la mitad de los días del año fuera de su base no compensa el plus, de poco más de 160 euros al mes, que perciben por la especialidad. En los últimos días, Cataluña y UIP han sido noticia.

Las competencias en orden público en esa comunidad son de los Mossos d’Esquadra y la Policía Nacional da prioridad a la protección de edificios del Estado y de infraestructuras críticas. Pero, sobrepasada por la violencia, la policía autonómica ha contado, una vez más, con el apoyo de la Policía Nacional. A partir de ese momento, sin necesidad de mecanismos extraordinarios, es cuándo se interviene. Ya no se trata solo de mantener protegida la Jefatura Superior u otros edificios, como la Delegación del Gobierno, sino de evitar que los radicales independentistas y otros secuaces tomen Barcelona y la conviertan en un campo de batalla. ¿Por qué no se ha actuado con más contundencia? La respuesta es clara: tibieza política, a la hora de avanzar hasta las posiciones de los violentos. Y cuando finalmente se ha dado la orden, después de horas soportando el lanzamiento de toda clase de objetos, fue más difícil hacerse con el control, debido a la impunidad que habían disfrutado quienes colocaban barricadas de fuego por el corazón de Cataluña.

Los radicales se enfrentan con técnicas y tácticas de guerrillas urbanas y están organizados. Son jóvenes, muchos de ellos profesionales del terrorismo callejero, que cuentan con antecedentes en desórdenes públicos y atentados a agentes de autoridad. Gente que se excita con la violencia y con la impunidad que le proporciona el independentismo. Llegan desde distintos puntos de la geografía nacional e internacional y tienen un nexo común: atentar contra el Estado y romper la unidad de España.

Cataluña debe dejar de ser un destino de castigo para los policías para transformarse en una comunidad en la que el compromiso de los agentes derive en una gran experiencia al servicio del ciudadano.

Por Roberto González Rodríguez Secretario federal territorial del Sindicato Unificado de Policía

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