Peligrosas coincidencias


En la crisis industrial que se cierne sobre Galicia, hay un último acto que contemplo con estupor al ver cómo una multinacional se retira la máscara y pone en evidencia lo que hasta ahora fue su lucha soterrada contra otra empresa, esta gallega, por más señas.

La historia arranca en 1993 cuando Enagás solicitó construir una regasificadora en Cabo Prioriño, en Ferrol. En su momento aplaudí esa decisión —y lo dice este modesto articulista que fue alcalde de la ciudad—, pero el proyecto fue desechado por la propia Enagás, aunque siguió reteniendo los terrenos para evitar que esa superficie pudiese ser utilizada por otro. Ese otro era Reganosa, que tuvo que buscar un emplazamiento alternativo.

La tramitación del proyecto de Reganosa se topó en el 2001 con cierto rechazo vecinal contra la empresa gallega, creando un mito, un monstruo contaminante y peligroso en medio de la ría ferrolana. Ahí comenzó un rosario de litigios contra Reganosa, que hoy da empleo directo a 130 personas.

Desde el 2002 la abogada del caso, en supuesta defensa de los intereses vecinales, recurrió cada autorización que se otorgaba a Reganosa y, mientras tanto, Enagás excluía la planta de Galicia del proyecto de infraestructuras gasistas de España que presentaba al Gobierno.

En el ejercicio del 2005 Enagás lanzó un nuevo órdago e introdujo en la planificación energética una planta similar en la comunidad autónoma de Asturias.

Esta infraestructura gasista no vino acompañada de una justificación, ni siquiera cuando la dirección de la Comisión Nacional de la Energía (CNE) exigió una explicación, pero la realidad solamente tiene un camino y, en el año 2012, al finalizar Enagás la construcción de la regasificadora asturiana, tuvo que hibernarla para que no se desequilibrase el resto del sistema gasista, porque una terminal en Asturias solamente servía para perjudicar el funcionamiento de la planta gallega. Para nada más.

Y así llegamos al escenario actual y, nuevamente sin explicación técnica, se está tramitando la licencia de la planta asturiana, a la par que Enagás alega contra la de Mugardos en el trámite administrativo en que se encuentra incursa. Otros pretenden quedarse con lo que es nuestro.

Puede ser casual que la abogada de las supuestas asociaciones vecinales sea familiar del expresidente de Enagás; puede también que lleve prácticamente 20 años trabajando gratis y que la información de la que dispone sea fruto de sus averiguaciones independientes. La virulencia con la que actúa puede responder al azar, y que ello suceda en el momento en el que interesa poner en marcha una infraestructura alternativa a la gallega e incompatible con la planta de Mugardos.

Todo puede ser un hecho fortuito, o puede que sean demasiadas coincidencias. Pero no lo creo.

Por Manuel Couce Pereiro Fue alcalde de Ferrol

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