Galicia, la sentencia y el ruiseñor


En la pequeña ciudad de Monroeville, Alabama, se representa desde el año 1990 una obra de teatro en honor a su vecina Harper Lee. Fue autora de una sola obra, aunque en el 2015 se publicase una segunda que era en realidad el borrador de la primera. Cuando publicó Matar un ruiseñor, posteriormente premio Pulitzer, Lee tenía 34 años. No volvió a escribir nada original a pesar de que su obra representó un éxito notable, con película incluida. En ella Gregory Peck interpreta a Atticus Finch, un abogado viudo que habla con sus hijos de valores y dignidad, de tolerancia y respeto. Decide defender a Tom Robinson, un chico negro acusado de violación. Lo acosan y pretenden intimidarle. No lo consiguen. Pierde el caso y el demandante contra Robinson, Bob Ewell, intenta castigar a Atticus brutalmente. En tanto, sus hijos viven su propia tragedia. En el centro de su drama está Boo Radley, un hombre que permanece cerrado en su casa y sobre el que se cuentan numerosas leyendas. Él, finalmente, resulta decisivo para proteger a los hijos de Atticus. No cuento más. Lean esta obra maestra, si no lo han hecho, y gocen con su alta pedagogía. Yo siempre he creído que Matar un ruiseñor era una metáfora sobre la tolerancia y el respeto a los otros, pero también una lección de perseverancia frente al oprobio, la mentira y el sectarismo.

Ha pasado la sentencia. Y ha pasado también por Galicia. Nada puede reconfortarme más, en lo político, que ver a PSOE y PP navegando juntos. Las declaraciones de Feijoo y Caballero fueron la misma. No cabía esperar otra cosa. Como tampoco cabía esperar nada nuevo del BNG. Es el complejo de Sísifo: subir la piedra a la montaña y verla caer. A la mínima ocasión, por mucho que sonrían las encuestas, enseñan su cara más amarga: o se van con Bildu a unas elecciones o defienden el «golpe» catalán. Dicen que los condenados no tuvieron acceso «a un juicio justo, imparcial ni desarrollado con las mínimas garantías». Y ahí queda eso. La postura del BNG es una herida para Galicia. Quizá debieran recrearse en la lectura de Harper Lee. La justicia debe prevalecer frente al oprobio, la mentira y el sectarismo: ese que se levanta contra el sentido común y, en el caso de la revuelta independentista, contra la democracia. Ha sido una sentencia ejemplar, inteligente y ajustada a derecho. No se puede matar un ruiseñor, decía Atticus Finch. No se puede matar la convivencia. Esa que tanto le ha costado a Galicia y a los gallegos, en particular. Esa que tanto ha costado a España.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
52 votos
Comentarios

Galicia, la sentencia y el ruiseñor