La tensa noche de Pablo Motos


Redacción / La Voz

Ocurrió hace tres años, durante la última campaña electoral de Estados Unidos. El candidato Donald Trump acudía al late night de Jimmy Fallon, en la NBC, y el humorista no pudo resistirse a hacer algo tan poco solemne para un futuro presidente como revolver la pelambrera del político para poner a prueba su autenticidad. La ira cayó sobre Fallon por aquella broma mundana, que logró humanizar al aspirante con menos opciones para ocupar la Casa Blanca.

Pablo Motos no dio opción a los chistes ni a la distensión en su entrevista a Santiago Abascal. En su gesto serio, el anfitrión llevaba escrita la presión que ejercieron horas antes las redes sociales pidiendo el boicot al programa más visto de la televisión en España. El presentador no pasó su mejor noche. Lo resaltó dejando de lado su habitual frase de bienvenida al invitado para evitar decir que el líder de la ultraderecha había ido a divertirse. La cambió por un escueto «Hoy está en El Hormiguero...» y punto. No hubo juegos, ni experimentos químicos, ni bailes, ni opción a despeinarse. Una de las pocas bromas la traía preparada el político, que le regaló a Motos antiinflamatorios para sobrellevar los golpes «de los progres». Pero al final nadie salió perjudicado. El candidato de Vox pudo hacer lo que es norma en todos los invitados de El hormiguero, poner el perfil bueno y difundir su mensaje. Y Motos recibió la palmada en el hombro del público al lograr su tercer programa más visto, sin arrebatar el liderazgo a quienes siguen siendo en su particular barómetro los auténticos jefes de la audiencia, Isabel Pantoja y Bertín Osborne.

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