El futuro de la central de As Pontes: compromiso firme con las personas

Teresa Ribera TRIBUNA

OPINIÓN

Maria Pedreda

11 oct 2019 . Actualizado a las 09:09 h.

El pasado 27 de septiembre, Endesa comunicó a la Comisión Nacional del Mercado de Valores la falta de viabilidad económica de sus plantas de carbón peninsulares, incluso de aquéllas en las que había acometido grandes inversiones para poder seguir funcionando después del 2020. Sus cálculos previos estimaban un precio del CO2 en torno a 8 euros la tonelada en el 2020 y un aumento progresivo hasta llegar a 25 euros en el 2030. Lamentablemente, esta estimación se hizo ignorando la reforma europea que daba estabilidad a los precios del CO2 desde el 1 de enero del 2019. Una reforma llamada a mantener un corredor de precios entre 25 y 30 euros desde principios de este año, como así ha sido y que explica los anuncios de cierre en Reino Unido, quedando abiertas solo plantas en Alemania, Polonia y Chequia, con una estructura distinta y carbón autóctono de alto poder calorífico.

El nuevo escenario ha tirado por tierra la rentabilidad calculada previamente por Endesa y, según las estimaciones de la compañía, arroja un déficit de 150 millones de euros al año por planta si estas siguen funcionando. Nada está escrito de cara al futuro y Endesa se ha comprometido a evaluar y compartir escenarios, manteniendo plantilla y subcontratistas antes y después de cualquier decisión y colaborando, mientras tanto, en el respaldo a los transportistas.

La noticia coincide con el precio de la electricidad más bajo en España en los últimos 9 años para un mes de septiembre, encadenando varios meses consecutivos de caída. Bueno para la industria y los consumidores. Malo para el carbón, que es ya la energía más cara del sistema eléctrico.