Injurias


Freud señaló el comienzo de la civilización en el momento en que el hombre, en vez de lanzarle a otro un venablo, le lanzó una injuria. Desde entonces la cuestión no ha variado.

La injuria es una expresión proferida en deshonra, descrédito o menosprecio de otra persona. Cada época ha utilizado las injurias para dañar lo más posible al enemigo acusándolo de transgredir la ideología imperante. En otros siglos el contenido principal de las injurias fue la infracción de la doctrina religiosa, siendo incontables los congéneres quemados, decapitados, desterrados, encarcelados o torturados en base a un libelo acusador. Y siguen siéndolo.

En la Serenísima República Veneciana había un buzón en forma de cabeza de león dónde cualquier ciudadano podía introducir una denuncia, una injuria o un libelo acusador en forma anónima que acababa con el acusado en mazmorras o flotando por el Gran Canal acusado de traición al Dux. La inquisición se nutrió de falsas acusaciones que no eran más que venganzas buscando menoscabar el honor de cualquier buen cristiano.

En nuestra Guerra Civil las injurias arrojadas sobre ciudadanos inocentes cuyo único delito era la enemistad de su vecino según el color del bando delator, causaron más muertos que el frente de batalla. La Alemania nazi despachó millones de judíos injuriados. Las nuevas ideologías siguen aplicando el mismo sistema de destrucción del otro en base a la delación de nuevas herejías. Siguen pagando justos por pecadores los escarnios de quienes buscando venganza o notoriedad, destruyen brillantes carreras profesionales de inocentes como Plácido Domingo, Woody Allen, Morgan Freeman... y un montón de víctimas de la cara oscura del Me too. Efectos colaterales de la nueva civilización.

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