Barreras, rigurosidad sin quitas


La industria naval y marítima gallega atraviesa un momento de extraordinaria complejidad. La implicación en los grandes proyectos debe pasar siempre por una gestión eficiente y por una apuesta económica, real y efectiva. Es muy agradable anunciar proyectos, pero cuando las crisis nos acechan, los efectos negativos de esa publicidad pueden multiplicarse exponencialmente, causando daños mucho mayores que los beneficios que se pudieran haber obtenido de aquel contrato en particular.

La situación que atraviesa hoy Barreras revela consecuencias relevantes no solo para la vida del propio astillero sino para las industrias auxiliares y complementarias que desarrollan habitualmente su labor en el mismo. También para empresas que trabajan y colaboran en proyectos de otros astilleros a nivel autonómico, nacional e internacional. Debe haber un punto y final para estas situaciones que dañan, -y mucho- la imagen de un sector, la imagen de una industria.

Nuestras esperanzas y nuestros deseos no pueden ser otros que hacer que esta situación se supere a la mayor brevedad posible. Los accionistas deben asumir los problemas y afrontar su responsabilidad. Pero, sin duda alguna, debemos ser todos muy cuidadosos con el posible impacto de esta crisis. No debemos permitir que empresas gestionadas eficazmente y con una apuesta de inversión en las mismas terminen en un concurso de acreedores cuando no han cometido ninguna irregularidad o error salvo, quizás, el de confiar en los proyectos que nos llenan de ilusión a todos. Una cartera amplia de pedidos y contratos puede facilitar la resolución de la situación si los accionistas y propietarios apuestan por terminar los proyectos iniciados.

Es doloroso ver como todavía muchas compañías no se han curado de las últimas quiebras o concursos cuando, de nuevo, nos encontramos ante una crisis empresarial que solo en números desborda cualquier previsión. Debe reinar y primar la rigurosidad, la seriedad, la asunción de responsabilidades y la búsqueda de soluciones.

Los dueños de Barreras tendrán el apoyo de la industria para solventar esta situación pero asumiendo cada uno su parte de responsabilidad. No se admitirán quitas o condonaciones de trabajos realizados, algunos de ellos con mucho sacrificio y mucha inversión. Debemos demostrar a Ritz Carlton que la apuesta por Galicia ha sido acertada y, si puede ser, lograr que Pemex no se quede con un mal sabor de boca de esta tierra. Ritz Carlton y Pemex son dos compañías de relevancia internacional y el sector no puede quedar en mal lugar. La reputación se pierde rápido pero se tarda mucho en recuperar. Confiemos.

Por Enrique M. Mallón Secretario general de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Galicia (Asime)

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