Aguas que usamos y no recuperamos


Si bien el agua es el elemento más frecuente en la Tierra, únicamente el 2,5 % del total es agua dulce, y el resto es agua salada. La población humana alcanzará los 9.000 millones de habitantes a lo largo del siglo XXI. Esta población estimada se encuentra en el límite inferior de la capacidad de carga soportable por la disponibilidad de agua dulce, capacidad estimada entre los 10.000 y los 16.000 millones de personas en el mundo. Sin embargo, actualmente el consumo medio por habitante excede en un 50 % a aquel utilizado para estimar la población soportable por la disponibilidad de agua. Todo ello indica que la disponibilidad de agua será un cuello de botella para el desarrollo de la humanidad a lo largo del siglo XXI. Añadamos a esto los problemas derivados del cambio climático con su frecuencia de «eventos extremos» (verbigracia prolongadas sequías y episodios de gotas frías), y aceptaremos la necesidad acuciante de proteger los recursos hídricos. No solo racionalizando su uso, sino recuperando los que hemos utilizado y contaminado en usos industriales, pero también en nuestros usos urbanos.

Una de las características del territorio gallego es su elevada dispersión urbana. Galicia apenas supone el 6 % de la superficie y de la población de España pero tiene 30.246 núcleos de población, casi la mitad de los que hay en España. Ello hace especialmente compleja la gestión, el tratamiento y la depuración de las aguas residuales, incluso en aquellos concellos de más de 2.000 habitantes, que son los evaluados en un estudio reciente de la Consellería de Infraestructuras y el ente público Augas de Galicia, del que han podido conocer por La Voz de Galicia.

El problema se centra de forma amplia en la gestión del agua y en su saneamiento y depuración, en un marco constitucional que otorga a los concellos esta competencia pero que ni técnica ni económicamente son capaces de ejercer con eficiencia. El análisis realizado, desde luego no sin tiempo, establece que menos de la mitad de las 120 depuradoras evaluadas funciona correctamente, y el resto no cumplen su función. Es decir, son inútiles, con el consiguiente perjuicio para nuestros ríos y rías, o, dicho en términos técnicos, el ciclo integral del agua.

Realizar la auditoría y conocer la realidad ha sido un paso imprescindible en la administración futura de las aguas. Un organismo de gestión de las aguas para Galicia, más allá de la gestión impositiva, resulta lógico y necesario. Si bien con condiciones imprescindibles. Al menos aquellas a las que deben someterse todas las entidades del sector público de una economía moderna para lograr una gestión dinámica y eficiente. Gestión asociada a directivos bien seleccionados, más allá de afinidades políticas, y ensayando para ello sistemas de selección abiertos, bien en nuestra tradición administrativa o al modo reciente de Portugal y Chile. Para ir en serio con el futuro del agua y del país.

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