El debate que no tuvimos


Sabon

Estaba cantado desde el cocinado «con Rivera no» del 28A. Volvemos a elecciones. Quedan algo más de dos meses para la nueva cita con las urnas. Y ya estamos hablando de debates televisados entre candidatos. Nuestra joven democracia (lo digo sin retranca) tiene varios problemas no resueltos. Uno de ellos es no haber conseguido que los candidatos asuman que hay que comparecer y debatir en público de manera transparente y equilibrada, como sucede en Estados Unidos. Aquí no. En España, estos espacios están sujetos a una negociación que se asemeja a las riñas callejeras y a las refriegas del capitán Alatriste. Se tira de espada y daga. Se llevan ocultas una o varias navajas. Y los estrategas de campaña tienen claro que en estos casos nunca se llevan suficientes cuchillos. Para calentar el ambiente ya tenemos una propuesta de TVE, varios extraños cara a cara y un debate a cinco. Ese que no tuvimos en las elecciones de abril, con Abascal. Ese que ahora parece menos urgente. La emisora pública quiere duelos entre Sánchez e Iglesias, Sánchez y Casado y Casado y Rivera. Nos hurta el que sería más interesante y controvertido, el de los dos responsables de que haya que votar. El de los que pueden evitar que haya unas terceras elecciones. ¿Darán entonces la talla los hiperliderazgos rojo y naranja?

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