La Voz

Se ha dicho siempre que la política hace extraños compañeros de cama. En democracia se han dado casos de matrimonios ciertamente insólitos. Pero lo que no se había conocido hasta ahora en la política española es un divorcio tan abrupto y con tan malos modos como el que están protagonizando Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Los dos líderes que hasta hace no mucho prometían cambiar España al alimón hasta que no la conociera ni la madre que la parió han acabado tirándose los trastos a la cabeza y ya no pueden ni siquiera dormir en el mismo colchón. Después de haber ofrecido a Unidas Podemos nada menos que la vicepresidencia del Gobierno y tres ministerios, Sánchez nos dice ahora que, de haber aceptado Iglesias su propuesta, habría necesitado tomar valeriana cada día para soportar su propio mandato. Que ni siquiera el cómodo colchón que estrenó en la Moncloa nada más retirar aquel en el que yacía Rajoy sería suficiente para garantizar su descanso. E Iglesias, a quien lo que le quita el sueño es más bien saber que su ex amigo del alma Íñigo Errejón le está haciendo la cama, le sugiere al líder del PSOE que, si duerme mal, vaya cambiando de colchón y se compre uno más grande porque tendrá que hacerle un sitio ya que, tal y como le dijo en su día, sin sus votos no será investido nunca presidente del Gobierno. El cabreo de los españoles con sus políticos alcanza proporciones desconocidas en democracia. Y frente a ello, lo que nos ofrecen Sánchez e Iglesias es este esperpento político a lo Pimpinela. Si siguen por ahí, se van a quedar solteros y sin compromiso. De votos, se entiende.

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Amargo divorcio de Sánchez e Iglesias