PSA y la teoría de la supervivencia


La lucha fratricida entre plantas del mismo grupo para conseguir la producción de un nuevo modelo es una práctica ya habitual en PSA desde que el portugués Carlos Tavares llegó a la presidencia del grupo en el año 2014. Entonces, el grupo estaba sumido en un agujero de 2.200 millones de euros en número rojos. Con las tijeras en una mano, para recortar gastos; y el destornillador en la otra, para apretar las tuercas a los proveedores, el patrón del grupo ha logrado presentar, al cabo de 4 años, una impresionante hoja de servicios que se traduce en 3,88 millones de unidades vendidos en el 2018 (un 6,8 % más que un año antes); unos ingresos de 74.027 millones de euros, y un crecimiento del 18,9 %.

 ¿Magia? No, ciencia empírica (prueba, ensayo, error...) inspirada en las tesis darwinianas. Aquellas que vienen a decir que no es la especie más fuerte la que sobrevive ni la más inteligente, sino la que se adapta mejor a los cambios. «Agilidad significa que te gusta el cambio», precisó Tavares durante una comparecencia en el salón del automóvil de Fráncfort.

Ese cambio obligado al que alude Tavares se tradujo, en el caso de Vigo, en la bajada obligada de sueldos de la plantilla, para poder lograr la adjudicación de la triple gama de furgonetas y, después, un todocamino de Peugeot, una carga de trabajo voluminosa que elevará la producción de la planta gallega por encima del medio millón de coches probablemente este año.

Y esa misma filosofía, la de no malgastar un euro (o una libra) es la que lleva ahora a la multinacional a pensar en la fábrica gallega (también en la de Zaragoza) para hacerse con la producción del Opel Astra que disparará sus costes si Gran Bretaña, el país en el que ahora se fabrica, opta por salir malamente (sin acuerdo) de la Unión Europea.

Y sin embargo, nada está ganado. Cada trabajador de PSA Mangualde (Portugal) trabaja por 30 euros menos a la hora que uno gallego. Nos salva que su capacidad de producción es baja. Pero el pasado mes de mayor el grupo inauguró una gran instalación productiva en Kenitra (Marruecos), y será cuestión de tiempo que las decisiones de Parías vayan rodadas hacia el norte de África

El director de la planta de Opel en Figueruelas, el vigués Juan Antonio Muñoz Codina, se pronunciaba en un foro en Zaragoza en la misma línea, defendiendo los postulados darwinianios ante profesionales del sector. El también responsable del clúster ibérico de PSA -que incluye las plantas de Vigo, Madrid y Mangualde, además de la aragonesa- habló también de la necesidad de adaptación, y sobre todo, de una competitividad selectiva. «Costes, costes y costes es lo importante», dijo. Es el nuevo darwinismo low cost: solo los más baratos sobrevivirán.

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