Pedro Sánchez, con faldas y a lo loco


La suerte de Pedro Sánchez está empezando a cambiar. Lo que hasta ahora parecía una especie de conjunción astral que permitía que el viento soplara siempre a su favor, se ha tornado en una situación difícil de explicar que hace que las cosas comiencen a ponerse verdaderamente feas para él. La larguísima farsa montada, con coros y orquestación incluidas, para conducir a España a unas nuevas elecciones haciendo que la opinión pública perciba que son otros los responsables de ese desastre, se ha alargado demasiado. Y ahora, toda la tramoya se ha derrumbado con estrépito, dejando expuesto al público a un Sánchez desnudo en sus argumentos y sin capacidad alguna para justificar su numantina negativa a explorar cualquier vía que evite unos nuevos comicios, en los que está convencido de que saldrá beneficiado personalmente. Pese a los intentos del CIS de Tezanos de favorecerle con un sondeo fake a su medida y hecho exclusivamente a su servicio, la opinión pública y publicada está empezando a percibir que Sánchez es el principal y casi único responsable del bloqueo político que padece España.

 La maniobra llevada a cabo por el líder del PSOE es ya tan clara, que hasta sus más conocidos exégetas mediáticos y sus potenciales aliados de investidura se han caído del guindo y le reclaman que deje de representar un papel de víctima que nadie se cree y se ponga manos a la obra personalmente para tratar de alcanzar un acuerdo que le permita ser presidente del Gobierno sin obligar a los españoles a votar por cuarta vez en cuatro años. El guion está empezando a tomar tintes de comedia, como los que pudieron vivirse en el pleno del pasado miércoles y la posterior sesión de control. Pablo Iglesias y Pedro Sánchez se transmutaron en los protagonistas de Con faldas y a lo loco, la genial película de Billy Wilder. En el final de ese filme, Joe E. Brown interpreta a Osgood Fieldieng, un hombre empeñado en casarse con Jerry, el personaje interpretado por Jack Lemmon, creyendo que se trata de una mujer porque se ha pasado la película haciéndose pasar por una cantante llamada Daphne. A bordo de una lancha, Osgood (Iglesias) insiste en casarse. Y Jerry/Daphne (Sánchez) le da argumentos cada vez más peregrinos para negarse al matrimonio. Porque no es rubia natural; porque fuma mucho; porque tiene un horrible pasado y porque no puede tener hijos. A todos esas pegas les encuentra Osgood solución, hasta que Jerry, desesperado, se arranca la peluca y reconoce: «¡Soy un hombre!». Pero Osgood, impertérrito, le responde: «Bueno, nadie es perfecto».

Estamos en ese punto en el que Sánchez se ha arrancado la peluca y ha reconocido la verdad: «¡Quiero elecciones y gobernar solo!». Pero Iglesias insiste en que desea casarse con él a toda costa. El problema para Sánchez es que su farsa se ha hecho demasiado larga y está empezando a hartar a los españoles. Para cuando lleguen sus ansiadas elecciones, los votantes van a tener más que claro que han sido utilizados para un guion preestablecido. Y entonces, a lo mejor, más de uno abandona el barco del PSOE.

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