«José, puede que tenga alzhéimer»


Incendios. Huracanes. Locos que quieren comprar Groenlandia. Suceden cosas. Pero entre todas ellas, me quedo con esta. La de Ana, una paciente del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, que tiene alzhéimer. Me quedo con ese rostro que sonríe ausente, con esos ojos en los que hay sorpresa y horror acorralado: es como si mirara todo su interior abierto en trozos.

 Pero, ¿qué noticia es esa?, me dirán. En España hay en torno a 1,2 millones de afectados por algún tipo de demencia, siendo el alzhéimer la más común de ellas (70-75%). Sí, es cierto. Lo que no es tan frecuente es que la enfermedad sea diagnosticada a los 40 años, y que la paciente ya lo sospechara desde los 20. El marido de Ana recuerda que al poco tiempo de conocerla, ella ya le advirtió: «José, puede que tenga alzhéimer». Por aquel entonces, su padre y su tía paterna, con 45 y 42 años, respectivamente, ya presentaban esta enfermedad. Igualmente, su abuelo por parte de padre lo había sufrido anteriormente. Además de eso, los tres hijos de Ana tendrán el 50% de posibilidades de tenerlo entre los 30 y los 55 años. «Ahora, los cuatro cuidamos a Ana -dice el marido-, pero en unos años es posible que uno o dos de mis hijos pasen de atender a su madre a necesitar cuidados también».

Hay noticias. Locos. Huracanes. Pero la conmovedora historia de Ana plantea preguntas nuevas. Si estos diagnósticos tan precoces ya están siendo posibles, aparte de todo lo demás, hay que poner el foco en los servicios asistenciales, apoyos y prestaciones para atender a estas personas. Compatibilizar desde tan temprano el cuidado de una persona con la enfermedad de Alzheimer con una vida laboral activa es complicado, más teniendo en cuenta que una persona menor de sesenta años muy difícilmente puede ser ingresada en residencias convencionales.

Incendios y locos. Huracanes que avanzan poco a poco. Y es que, como dijo Buñuel en su libro de memorias Mi último suspiro, «hay que haber empezado a perder la memoria, aunque sea solo a retazos, para darse cuenta de que es lo que constituye toda nuestra vida. Una vida sin memoria no sería vida, como una inteligencia sin posibilidad de expresarse no sería inteligencia».

Por Cristina Sánchez-Andrade Escritora y premio Sor Juana Inés de la Cruz de la FIL

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