¿Y si no hubiera habido censura?


Planteémonos una ucronía, es decir, una reconstrucción de la historia con datos hipotéticos, según la definición del Diccionario. ¿Qué habría pasado en España si la descabellada ambición de Pedro Sánchez no le hubiera llevado a presentar una disparatada y desleal moción de censura contra el Gobierno de Rajoy? ¿Se encontraría el país en la angustiosa parálisis que desde hace meses lo atenaza y sin soluciones para salir de tal atolladero?

La respuesta a esas preguntas resulta muy compleja, pues si hay algo difícil de prever es el devenir de la vida pública, dependiente de mil factores políticos, sociales y económicos. Cabe pensar, en todo caso, que Rajoy habría conseguido acabar la legislatura en el 2020, apoyándose en la mayoría absoluta que aprobó en el 2018 la Ley de Presupuestos ¡aún vigente!: los 176 escaños que sumaban el PP, Ciudadanos, PNV, Unión del Pueblo Navarro, Foro Asturias, Coalición Canaria y Nueva Canarias.

Para entendernos: de no haber presentado Sánchez una moción de censura que solo perseguía ganar la presidencia, para construir desde el poder una mayoría que las urnas le habían negado por dos veces a un PSOE que obtuvo en el 2015 y el 2016 los peores resultados de su historia, cabe pensar que a estas alturas no habríamos votado el pasado mes de abril y no estaríamos pendientes de si lo haremos en noviembre.

Y todo en medio de un panorama desastroso, cuyas alternativas van de malas a muy malas: otras elecciones, que reproducirían según las encuestas la grave situación de ingobernabilidad en la que estamos; un ejecutivo de coalición del PSOE con Podemos -que serían dos, en realidad-, necesitado del sostén independentista e incapaz de impulsar una política coherente en defensa de los intereses generales; o, ¡el acabose!, un Gobierno en minoría de 123 diputados socialistas, sometido a la demagogia populista de Podemos, cuando la economía da signos de evidente contracción, y a unos separatistas que anuncian a bombo y platillo que, si no les gusta, se levantarán contra la sentencia del procés.

Quizá algunos se pregunten a qué conduce plantearse, a toro pasado, la hipótesis de que no hubiera habido censura, con todo lo que aquella trajo de la mano. La repuesta es que, lejos de tratarse de un vano ejercicio de política ficción, esa ucronía ayuda a aclarar el sentido de toda la inmensa farsa a la que estamos asistiendo. Una pelea por eso que ahora llamamos el relato: en este caso, la determinación de quien tiene la culpa de que el país esté sin gobernar, las comunidades autónomas ahogadas y los electores obligados a ir tres veces, y probablemente cuatro, en cuatro años, a las urnas.

Algo que, salvo ceguera contumaz, no tiene dudas: los culpables son quien por su debocada ambición nos metió con su moción de censura de hoz y coz en este lío y el partido que lo apoyó para culminar el mismo dislate por el que meses antes lo había cesado de la secretaria general con cajas destempladas

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