La gallina Turuleca


La semana ha venido ilustrada de wasaps y memes acerca de una entrevista al colectivo Almas Veganas, en la que tres jóvenes explican que las gallinas deben ser protegidas de los gallos porque las violan. Apuntes psicopatológicos aparte, las señoritas de Almas Veganas están en el delirio porque están en el error.

Es completamente imposible que un gallo sea un violador, pues, como todos los animales, obedecen a un programa prefijado en el que el guion de su vida reproductiva está escrito y no se separan ni un milímetro de él. Nosotros no, por eso estamos condenados a que el encuentro con la sexualidad sea siempre traumático y nos condicione de por vida. La sexualidad humana siempre está desviada porque no tiene programa prefijado.

Un gallo no puede ser un violador porque jamás transgrede, y al violador lo que le hace gozar es precisamente eso, la transgresión.

Proyectar cualidades humanas sobre los animales es una vieja tendencia que se remonta más allá del caballo de Calígula, pero cosas como lo de las gallinas violadas son algo más, están inscritas en un contexto histórico nuevo, donde la realidad se tamiza (como siempre) por el cristal de nuevas ideologías emergentes.

Las ideologías —como toda narrativa— comienzan con prólogos de medias verdades que estimulan a la gente a responder de forma positiva a ellas; pero siempre tienen sombras, y la sombras obligan a que la gente haga algo para responder a ellas y tratar de iluminarlas, y así vamos escalando hacia las crisis.

Las ideologías no dejan de ser metáforas, igual que el cáliz es para el cristianismo «la sangre de Cristo» y para el Protestantismo «representa la sangre de Cristo», hay ideologías en las que la gallina es una gallina y otras, en que la gallina representa algo más.

El alma de Almas Veganas es su ideología y no el sufrimiento de las gallinas ultrajadas.

Frente a la realidad ideológica de las gallinas violadas —responde con wasaps y memes— la realidad de lo Real, y aparecen vídeos de tipos diciendo cosas como: «El único esclavo que hay en esta granja soy yo» y «aquí os presento a un violador que he cazado in fraganti y ahora me lo voy a comer asado con guarnición de verduritas». Y uno de una gallina que dice: «Meteros en vuestros asuntos, queremos follar con los gallos».

Cuidado con estas cosas, que parece que no, pero que si se salen de madre, acaban arrastrándonos hacia el negocio de la locura y comprando huevos de tofu a precio de oro, trajes de novia para perros y terapias para desengancharse del jamón.

La gallinas no están turulecas, los turulecos somos nosotros.

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