El culebrón (de la investidura) estira la trama


Aunque las audiencias parecen cada vez menos interesadas en el argumento, léase relato, los protagonistas no quieren dejar morir aún la trama de la investidura previsiblemente fallida. Podemos y PSOE han construido su particular línea Maginot en torno a la sala del Consejo de Ministros. Si los de Pablo Iglesias insisten en conseguir plaza en el olimpo de Pedro Sánchez, el presidente en funciones se emplea a fondo para desarmar la ofensiva de Unidas Podemos e insistir en un Gobierno monocolor.

Dicen los politólogos y estrategas electorales que todo se basa en la conquista del relato. Ni Sánchez ni Iglesias quieren asumir la responsabilidad del portazo a un mandato de izquierdas del que ambos se vanagloriaban el 28 de abril tras la cita con las urnas.

Pero mientras Sánchez se ve cada día más fuerte, Iglesias siente cómo le siegan la hierba bajo los pies. Bajo la bandera de Unidas Podemos hay tantas banderías como personas: Anticapitalistas, En Comú, Izquierda Unida, Galicia En Común... Cada uno de ellos aporta su granito de arena a la trama de la nueva temporada. Alberto Garzón se pide ser ministro de algo económico; Yolanda Díaz, algo de Empleo, que para eso su padre fue sindicalista; los comunes, un referendo para que Colau pueda seguir jugando a hacer política mientras la ciudad se le cae por los cuatro costados entre suciedad, abandono y delincuencia.

El culebrón no para de engordar, pero tiene una fecha de caducidad a la vista. O el 23 de septiembre, día de santa Tecla de Seleucia y san Constancio de Ancona, entre otros muchos, Iglesias y Sánchez condenarán a más de cuarenta millones de españoles a enfrentarse de nuevo a las urnas para elegir otros diputados.

El problema es que el galán de la serie, Pedro Sánchez, prefiere quedarse soltero antes que comprometerse en la boda que sella el final feliz de este tipo de folletines. Ya le ha dicho a Iglesias que no lo quiere. Ni en el Gobierno, ni en los escalones intermedios, ni en los núcleos de decisión. «Pablo Iglesias es el problema», le espetó con crudeza en uno de los momentos estelares de la actual temporada.

Ese día, el de Podemos pasó de coprotagonista a malvado padrastro. Y juró, cual Escarlata O’Hara, que su prole, o sea sus afines, no habrían de pasar hambre y que el socio que le había humillado pagaría con creces la ofensa. Este viernes, lo verbalizó de forma contundente: «Si Sánchez quiere nuestros votos gratis, tendrá una legislatura imposible». El anuncio del calvario que vendría con UP haciendo de látigo opositor compitiendo en dureza con PP, Ciudadanos y Vox ya atormenta a los socialistas. Queda poco para resolver el culebrón. Y no parece fácil.

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