Sánchez, la Xunta y la avispa velutina


Pedro Sánchez, que llegó a la Moncloa dispuesto a pasar fuertes y fronteras, acaba de batir el récord de interinidad de los presidentes democráticos de España. Transcurridos 126 días desde el 28-A, nuestro adorado líder, que se autodefine como «el único que puede gobernar», y que también afirmó que las dos opciones salidas de las urnas son «el PSOE o el PSOE», superó la anterior marca (125 días) establecida por Mariano Rajoy tras las elecciones del 2016, cuando el propio Sánchez, apoyado por 84 escaños, quiso desplazar de la Moncloa a quien apoyaban 137 escaños del PP. Teniendo en cuenta que Sánchez accedió al poder mediante una atrabiliaria y fracasada moción de censura, y que, para poner en marcha sus viernes socio-electorales, anunció la disolución de las Cortes tres semanas antes de firmar el correspondiente decreto, se hace muy difícil calificar con exactitud la situación laboral del presidente, o responder a la pregunta de cómo es posible permanecer tanto tiempo de okupa en la sede del Gobierno de España.

Pero es aquí donde entra en juego la Xunta, o alguna autoridad legitimada por ella, que, preguntada por el nivel de implantación de la avispa velutina en Galicia, respondió: «La expansión de la avispa velutina está semiestabilizada, al ralentizarse el aumento en el número de nidos detectados». ¿Que quiso decir la Xunta con esta genialidad retórica? Pues quiso decir que, en realidad, la avispa velutina se sigue expandiendo; pero que, tras haberse comprobado que se expande a menor ritmo que en los pasados años, se puede echar mano del término estabilizar, de significado más flexible que el chicle, para dar a entender que ‘somos los campeones del decrecimiento expansivo’, y que esa extraordinaria fazaña -como decía Don Quijote- permite echar mano del prefijo semi, de tan confusa prosapia, que, mezclado con la pátina titubeante del verbo estabilizar, nos faculta para afirmar que lo de la velutina ‘vai daquela maneira’.

El mejor precedente de esta retórica sigue siendo el añorado Anxo Guerreiro, que el mismo día en que él y yo perdimos el escaño -«siempre caen los mejores», decían los falangistas-, y mientras yo asumía el colapso de mi brillante carrera, dijo que «o Partido Comunista foi, entre tódolos partidos que perderon votos, o que experimentou a menor baixa porcentual». Y por eso, recordando aquellos días felices en los que perdíamos los escaños, el poder y la historia con tanta elegancia y buen decir, tuve la feliz inspiración de utilizar este batiburrillo lingüístico para decir que Pedro Sánchez, tras 126 días de interinidad en la Moncloa, quizá esté semiestabilizado, y que somos muchos los que tenemos la aleccionadora sensación de que el ritmo de sus soliloquios y desplantes retóricos, aunque sigue creciendo, lo hace a menor velocidad que cuando -apoyado por la mayoría Frankenstein- estaba «en vías de estabilización». Así que, menos choros e máis traballar, que, como cantaba el Dúo Dinámico, «el final del verano llegó, y tu partirás».

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