Cuatrocientas horas de sol


No voy a referirme a la añorada película de Truffaut con el joven Doinel de protagonista fílmico, que se tituló Cuatrocientos golpes. Equivalentes uno a uno a las cuatrocientas horas de sol en las que Vigo supera a A Coruña, a causa del para mí muy querido viento gallego nordés.

La vieja polémica se solucionó científicamente, y la duda quedó despejada. No pasa nada y los coruñeses más rabudos se han tomado deportivamente la conclusión meteorológica. Una vez aceptadas las explicaciones del tiempo/clima medido y tasado, y conviniendo que este verano ha sido esencialmente malo, comenzaron los matices y se evitaron comparaciones odiosas.

Los días son evidentemente menos soleados que las noches, los veintiséis grados diurnos de Vigo superan objetivamente los veintiuno de media de A Coruña, pero las noches al abrigo de la brisa que revolotea agosto, las noches de A Coruña son insuperables, son más amablemente cálidas que las noches tropicales de la Galifornia viguesa.

Aunque el alcalde de la ciudad olívica se obstine en incendiarlas con una orgía de luz cuando termina noviembre y que se alarga hasta los primeros días de enero, la iluminación navideña refuerza al sol de medianoche.

A Coruña es como una ciudad escocesa, como Edimburgo sin ir mas lejos, que despliega y exhibe sus encantos de península en donde las nieblas que trae el nordés se quedan a dormir.

Vigo desmiente a Fernández Flórez y, con la diferencia de horas de sol, contradice que este año el verano cayó en jueves. El sur de Galicia gana por goleada al norte, y las playas de las Rías Baixas, por Panxón, Nigrán o Baiona, marcan la diferencia con un sol fachendoso, mientras en las Rías Altas el arco iris subraya las mañanas.

Nosotros los del norte tenemos un estío más coloquial, de rebeca vespertina y jersey anudado cuando cae la noche, conocemos bien el orvallo de agosto. Las gentes del sur habitan veranos de manga corta y chancletas. Nosotros los del norte tenemos nostalgia de las mañanas de playa y tumbona del sur.

Y lo digo yo que vivo los veranos en el lugar que según el último informe climático tiene menos horas de sol de Galicia, marcando una diferencia con el punto más soleado de la comunidad, que según parece es el concello de A Mezquita; con una distancia entre los dos lugares de mil horas, arriba o abajo, que los de Viveiro estamos dispuestos a desmentir y asegurar que la estación meteorológica de Penedo do Galo, que es la que nos corresponde, no contempla el microclima vivariense que está a ras de mar, ni sabe cuándo va a abrir después de ahuyentar las nubes.

Cuatrocientas o mil son muchas horas, pero nos sentimos compensados cuando vemos cómo la tarde amenaza lluvia, que es el nuevo oro líquido del cambio climático. Qué le vamos hacer.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
20 votos
Comentarios

Cuatrocientas horas de sol