El éxito y la proliferación de festivales

José M. Golpe

Llegó el verano y con él, también, los festivales. Cada año la oferta se amplía y surgen nuevos formatos donde la música es la gran protagonista. Pero, ¿son rentables? Desde el punto de vista financiero-fiscal la figura de las Agrupaciones de Interés Económico (AIE) ha jugado un papel destacado en la proliferación de estos eventos.

La AIE, regulada por la Ley 12/1991, de 29 de abril, de Agrupaciones de Interés Económico, es una estructura societaria que permite a varias empresas o entidades asociarse temporalmente para colaborar en una actividad económica, como promocionar un proyecto de producción de un festival. Estas sociedades tributan en régimen de transparencia fiscal, lo que supone que las rentas obtenidas por la AIE se imputan íntegramente a sus socios en la proporción que les corresponda en función de su participación. Así, el gasto incurrido por la AIE genera una serie de incentivos fiscales en forma de bases imponibles negativas, pero también de deducciones, que son aprovechados por los inversores en su liquidación del impuesto de sociedades.

Junto a estos beneficios, la posibilidad de realizar acciones de márketing y comercializar sus productos en el recinto del festival son otros aspectos que se consideran a la hora de valorar la inversión.

Ayuntamientos y otras instituciones públicas, conscientes del enorme impacto económico en las ciudades en que se celebran estos espectáculos, colaboran y apoyan contribuyendo a la buena marcha de estos eventos.

La atractiva rentabilidad de la estructura, junto con una seguridad jurídica y fiscal avalada por la legislación vigente y la resolución de consultas vinculantes de la Dirección General de Tributos (DGT), parecen haber convencido en los últimos años a una gran cantidad de inversores privados, ajenos a la industria musical, para embarcarse en estos proyectos, resolviendo así uno de los principales quebraderos de cabeza de los promotores, la financiación.

En conclusión, cada vez serán más los entes públicos, empresas o personas físicas que valoren otras maneras de obtener financiación ajena para poder llevar a cabo sus eventos musicales, culturales, etc. en sus ciudades y pueblos. Y, por otra parte, cada vez más empresas realizarán inversiones en este tipo de eventos, obteniendo un ahorro en su factura fiscal.

Por Raquel Rojo / José M. Golpe Experta en finanzas y asesor fiscal y consultor empresarial, respectivamente

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