Del Capitolio a la telerrealidad


La televisión norteamericana sigue siendo un espejo en el que muchas otras se miran. Por esa razón no hay que subestimar sus pasos para estar prevenidos de lo que el futuro puede deparar. Ahora va camino de convertirse en la nueva puerta giratoria de la Casa Blanca para reciclar a uno de los funcionarios públicos con menor prestigio de los últimos tiempos, Sean Spicer, breve secretario de prensa del gobierno y convertido en fichaje estrella de Mira quién baila.

Spicer tuvo el encargo de ser el primer jefe de comunicación de Trump, a su vez estrella de la televisión antes presidente. A él le correspondió la penosa tarea de halagar a su jefe asegurando que su ceremonia de investidura había sido la más multitudinaria de la historia pese a que las evidencias apuntaban lo contrario. Sus memorables parodias en Saturday Night Live duraron más tiempo del que él se mantuvo en el cargo. Pero la mejor burla fue la que él hizo de sí mismo el día en que apareció por sorpresa en los Emmy mofándose de sus propias frases y del papel que le había tocado desempeñar. Ahora, para demostrar las distopías de Black Mirror y Years and Years no están lejos, su siguiente paso será el de bailar salsa en el programa de telerrealidad.

El debate en su país está abierto entre si merece la pena convertir a esta figura en un nuevo icono pop o compensa sentarse a esperar el desastre.

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