No enfadar
a Trump


Los líderes del G7 se marcaron una misión: no enfadar a Donald Trump y adularlo sin contemplaciones. No era fácil. El estadounidense ha llevado la confrontación al límite y su frentista política exterior y comercial no lo hacían nada sencillo: desde su guerra comercial con China, su negacionismo del cambio climático, el conflicto abierto con Irán o su apoyo al brexit salvaje de su hermano Boris Johnson. Pero sus homólogos han llegado a la conclusión de que la confrontación directa con él puede ser contraproducente, como quedó claro en el fiasco de la cumbre del 2018 en Canadá, en la que Trump se fue dando un portazo y tachando de mentiroso al anfitrión, Justin Trudeau. Esta vez el anfitrión era Macron, que sabe como nadie contentar a su temperamental huésped. Otra cosa es que Trump, después de escuchar, callar y mostrar su mejor talante, termine por ignorar todo lo acordado. Lo malo es que a nadie le sorprendería.

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