Paz, amor y «Derry Girls»


Una serie sobre adolescentes con falda de cuadros puede ser un cliché lo suficientemente disuasorio como para mantenerse a varios capítulos de distancia. Sería un error medir por ese rasero a Derry Girls y no acercarse a este grupo de chicas católicas que viven en la Irlanda del Norte de los años del conflicto armado con la indolencia y las inquietudes propias de la edad. Si la primera temporada fue brillante, la segunda se supera con su aproximación al proceso de paz y a los esfuerzos nada fáciles por superar los prejuicios.

No hay que esperar de la comedia creada por Lisa McGee alegatos ni lamentos por un pasado tumultuoso y sangriento. Su gran acierto es acercarse a aquella realidad con espíritu positivo y humor áspero y dar la visión de unas jóvenes para las cuales una bomba o un secuestro están en el mismo nivel de relevancia que un concierto de Take That. O la de sus padres, absortos ante los discursos de un Gerry Adams doblado por actores porque su auténtica voz estaba prohibida en televisión. No es, sin embargo, casualidad que, con el Brexit en las puertas y en un área que votó mayoritariamente remain, uno de los momentos más emotivos de la temporada coincida con la histórica visita de Bill Clinton a Derry en 1995. Sus palabras junto a la frontera irlandesa resuenan en los muros: «Tenéis mucho más que ganar trabajando juntos que separados».

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