Carne y gasoil


Carne y gasoil son dos combustibles, el segundo maldito y el primero va camino de serlo. El combustible de los motores diésel, el gasoil, está acusado de contaminar en demasía, a pesar de que los coches diésel actuales contaminan lo mismo que los de gasolina.

Ahora le toca el turno a la carne. Si queremos evitar el cambio climático no podemos consumir carne, especialmente de ternera, que ostenta el récord de la mayor huella del carbono (La Voz, 9-8). Además, al evitar el consumo de carne, se atenúa la ola de obesidad.

Que quieren que les diga. Periódicamente aparecen cantinelas alimentarias que mutan con el tiempo. Es verdad que se puede vivir sin comer carne. Ahí están los vegetarianos para corroborarlo. Pero también es verdad que las proteínas de la carne de ternera son de primerísima calidad y su hierro es necesario para generar sangre. Además, un pedazo de carne (solomillo, entrecot, jarrete) bien elaborado es un placer que no puede perderse, porque la vida está hecha de pequeños placeros. Se va a causar un tremendo perjuicio a los ganaderos, equivalente al provocado a las empresas automovilísticas. Me estoy viendo en un restaurante, delante de un solomillo, siendo el blanco de miradas y cuchicheos por atentar contra el clima.

Si de verdad quieren disminuir la huella del carbono, sustituyan paulatinamente las centrales térmicas por nucleares de fisión, que no emiten CO2 y son cada vez más seguras.

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