Las predicciones y las expectativas económicas


Hay indicios reales de que la intensidad de la desaceleración está empezando a notarse en la economía de la mayoría de los países. La preocupación sobre las guerras comerciales, un crecimiento económico más lento, la caída de la demanda de equipos comerciales, el declive de las ventas de automóviles y las consecuencias derivadas del brexit son problemas que agudizan las expectativas y arrastran hacia una tendencia menos acusada del ritmo de la economía.

Esta revisión a la baja tanto del crecimiento como de las predicciones se debe a la pérdida de la pujanza de la economía europea, que se está ralentizando de manera muy notable (0,4 % en el primer trimestre de este año, 0,2 % en el segundo trimestre y 0,1 % en el tercero). La economía española se ve arrastrada por la situación de Europa dado su mayor acompasamiento; y, sobre todo, por su elevada imbricación de su comercio exterior con la zona euro.

Los organismos públicos y privados españoles han empezado a revisar sus cifras. El INE advierte que la tasa de crecimiento de la economía española se ha frenado en el segundo trimestre (0,5 % entre abril y junio, por un 0,7 % en el comienzo del año), alcanzando su mínimo ratio en los últimos cinco años. La AIREF, por su parte, pronostica que el ritmo de la economía española mantendrá una tónica estabilizadora hasta el final del año (0,47 % para el tercer trimestre y 0,52 % para el cuarto). Si se cumplieran dichos pronósticos significaría que España presentaría un notable descenso en su dinámica (había pronosticado un 0,8 % para el tercer trimestre), sumándose al bloque europeo.

Está claro que no debemos perder la perspectiva de la realidad. Los últimos datos son muy elocuentes. De una parte, el INE confirma que la economía se va parando, al constatar que el PIB crece dos décimas menos que el trimestre anterior y tres décimas menos que en el mismo período de hace un año. Si disminuye el ritmo de crecimiento económico, también lo hace el empleo a tiempo completo, que reduce su creación al pasar del 0,7 % al 0,4 % en este último trimestre; esto es, se crean casi la mitad de puestos de trabajo que hace un año. De otra parte, llaman la atención dos elementos claves. Nos referimos al consumo de los hogares y a la inversión. El primero crece una décima menos que en el anterior trimestre y siete décimas menos que en idéntico período del año precedente, lo que resalta el empeoramiento de las expectativas de los consumidores, que han empezado a retraerse en los niveles de gasto. El segundo, que la inversión cae en este último trimestre un 0,1 %, pero lo significante es que, en el mismo trimestre del 2018, crecía un 3,3 %; remarcando una preocupante evolución en la medida que esta ratio se considera un indicador adelantado de lo que va a suceder en el futuro.

A estas perspectivas poco halagüeñas se une el comportamiento de nuestro comercio exterior. Las exportaciones comienzan a estancarse, cuando anteriormente constituían la base de nuestro crecimiento económico y de empleo. En la actualidad se ven afectadas por el nuevo proteccionismo comercial, las incertidumbres derivadas del brexit y porque la zona euro ralentiza su ritmo económico. Ante este escenario plagado de riesgos económicos y políticos, tanto a nivel nacional como global, resulta urgente llevar a cabo reformas estructurales que mejoren el funcionamiento de la economía y que garanticen el crecimiento del empleo y un marco que facilite la estabilidad política que contribuya a mejorar la convivencia ciudadana.

Por Fernando González Laxe Expresidente de la Xunta de Galicia

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