Los riesgos de la estrategia de Sánchez


Parece ser que los líderes de Podemos están desesperados. Porque Sánchez no los llama, porque el presidente en funciones _que parece tener unos nervios de acero_ se ha ido de vacaciones sin importarle que haya Gobierno o no; desesperados, en fin, porque no consiguen el trozo de la tarta que garantiza la supervivencia de los líderes de la formación morada tras obtener en la última cita electoral unos resultados más bien discretos.

Todo obedece a una estrategia diseñada al milímetro por Sánchez y su gurú de cabecera, Iván Redondo, para sacar de sus casillas a Podemos hasta doblegarlos para que acepten las condiciones que impongan los socialistas.

Y mientras el presidente se va de vacaciones y anuncia que retomará las negociaciones en septiembre, cuando ya solo quedarán un par de semanas para que de forma automática vayamos a elecciones, ha puesto en marcha otra medida de presión. El INE de Tezanos ha empezado a preparar los censos electorales. No es más que otra herramienta con la que los socialistas escenifican que caminamos de forma inevitable hacia unas elecciones en noviembre, confiados en que Podemos no quiere que los españoles vuelvan a las urnas porque todo apunta a que la formación morada saldrá mal parada.

Sin embargo, hay muchos riesgos en esta estrategia dirigida a lograr la investidura en el último minuto. Las comunidades, incluso en las que gobiernan los socialistas, se están rebelando porque necesitan oxígeno financiero y la falta de Gobierno está frenando el traspaso de esos fondos. Va a ser muy fácil para los presidentes autonómicos culpar al Gobierno en funciones de cualquier recorte que tengan que acometer. La economía empieza a dar síntomas de ralentización y no hay un Ejecutivo que pueda tomar medidas ni acometer las reformas necesarias para que el PIB vuelva a crecer con alegría. Si logra ser investido, Sánchez habrá neutralizado estos factores de riesgo. Pero ¿y si finalmente hay elecciones? Pues habrá de enfrentarse a las comunidades autónomas, a los agentes económicos, pero sobre todo a los españoles, cansados ya de tanta táctica, tanta escenificación y tanta demora. Y ese es el gran riesgo que debe valorar Sánchez: que los que le votaron en abril le retiren su confianza cansados de que tanta estrategia no haya servido para arreglar ni uno solo de sus problemas.

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