Colón no era solo una foto


Poco a poco, como si pretendieran que no nos diéramos cuenta, la alianza de las dos derechas con la ultraderecha se ha consolidado. Con el paso del tiempo se ha demostrado que aquella foto de Colón, que tanto revuelo creó, era mucho más que un símbolo y se ha ido concretando en pactos más o menos subrepticios al principio, y públicos en la recta final. Aunque Rivera ha tratado de disimular todo lo posible y más, como hizo en Andalucía, era inevitable que llegara el momento en el que Vox dijera basta y exigiera su reconocimiento como socio absolutamente necesario para formar gobiernos en autonomías y ayuntamientos liderados por el PP. Porque no bastaba con una simple abstención, sino que era preciso su voto a favor. El último episodio de este vodevil, en el que Ciudadanos llamaba «tomar café» a negociar investiduras y programas de gobierno y sí era todo lo que parecía, ha tenido lugar en la comunidad de Madrid. Aquí la formación naranja se ha visto obligada a aceptar públicamente un documento elaborado por Vox, en el que renuncia a sus propuestas más extremas, pero plantea cuestiones inquietantes. La extrema derecha no ha exigido sillones en ningún sitio, pero sí ha conseguido que sus políticas contra el movimiento LGTBI, el feminismo, los inmigrantes o la memoria histórica se introduzcan en las instituciones. Y esto es muy grave y peligroso. Lo que ha ocurrido es que dos partidos que se decían de centro han normalizado y blanqueado a la extrema derecha. Casado ha pactado con entusiasmo, reconociendo que PP y Vox son de la misma familia ideológica y política. Rivera, con reticencias, también lo ha hecho, para escándalo de los verdaderos liberales, nacionales y europeos.

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