Los costes crecientes del sin gobierno


Como los líderes políticos nacionales que nos han tocado en (mala) suerte viven encerrados en una torre levantada con sillares de egoísmo, exclusivamente pendientes de sus intereses de partido, casi todo lo que sucede en torno suyo, en España y fuera del país, ha desaparecido de su agenda. Su gran preocupación no reside ya siquiera en cerrar un acuerdo que permita elegir un presidente que realmente pueda gobernar, sino en construir un discurso (el ahora célebre relato) para culpabilizar a los demás en cualquiera de las dos hipótesis posibles: que haya investidura o que vayamos a las urnas.

En tan terrible situación, que se degrada día a día a paso de gigante, el Gobierno en funciones no solo tiene limitadas por ley sus facultades -lo que disminuye, como es lógico, su capacidad de decisión-, sino que, para más inri, tanto el presidente en funciones como sus ministros tienen la cabeza en otra cosa.

El hambre se junta así con las ganas de comer para explicar que el sin gobierno en que vivimos desde hace varios meses esté afectando ya de lleno tanto a nuestra economía como al funcionamiento de nuestras administraciones.

La Xunta lleva semanas denunciando la situación de bloqueo en que se encuentran las llamadas entregas a cuenta, es decir, los fondos que el Ministerio de Hacienda traspasa mensualmente a las comunidades autónomas, situación sobre la que también comienzan a llamar la atención, aunque en tono menor, las regiones gobernadas por el PSOE. La falta de un nuevo Presupuesto ha determinado que el sistema de la dependencia sufra su primer retroceso desde el año 2015. La caída en la creación de empleo, debida al enfriamiento de la economía, se traduce en el peor mes de julio desde el comienzo de la crisis (el 2008), y la bolsa española, índice de la confianza en la economía nacional, va ostensiblemente peor que las de los países de nuestro entorno: en los últimos seis meses, el Ibex ha perdido casi un punto, en tanto que las bolsas de Fráncfort, Londres, París o Milán han subido, respectivamente, un 6,23 %, 5,3 %, 7,18 % y 7,35 %.

Y aunque es verdad que tanto los datos de paro como los bursátiles dependen en gran medida de factores que están fuera del alcance del Gobierno, no lo es menos que su absoluta falta de reacción frente a los crecientes problemas que tenemos por delante como consecuencia de la gravísima parálisis que atraviesa la política española no hace otra cosa que empeorar la coyuntura. Autónomos, empresarios (grandes, medianos y pequeños), trabajadores y administraciones notan ya en sus carnes los efectos de una intolerable situación, mientras nuestros principales dirigentes de partido, que conciben la política como un juego del que no dependen sus salarios, ven a España como un inmenso tablero de ajedrez, sin importarles un pimiento que a quien tienen en jaque es al país. Confiemos en que no acabe siendo un jaque mate.

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