Stephen King quiere ser Boston


A los creadores de La casa de papel el éxito les explotó en las manos el día en que Netflix distribuyó la serie por el mundo. Lo que en Antena 3 había sido un aplauso tibio se convirtió en una enorme ola que obligó a sus creadores a sacarse de la manga un nuevo guion sobre una serie que daban por clausurada tras el robo de la Fábrica de Moneda. Así que improvisaron guiones haciendo pasar al Profesor en la ficción por el proceso paralelo de componer a toda prisa un nuevo plan.

La tercera parte de la serie vuelve a la casilla de salida, pero ahora trufada de guiños que le hacen tomar conciencia de su condición. Cuando se muestran fotogramas de cómo el anterior atraco se convirtió en un símbolo mundial de la resistencia, las fotos son reales. Cuando los ladrones lanzan una lluvia de billetes sobre los ciudadanos es en realidad con su público extasiado con quien reparten las rentas de su triunfo.

Los nuevos episodios repiten muchas claves ya conocidas, con recursos y efectos imposibles de creer desde una óptica racional. Pero conservan una frescura que va de lo local a lo universal y les ha permitido batir el récord de visionados en Netflix, con 34 millones de hogares en su primera semana. Hasta Stephen King se postula para ponerse la máscara. De entre todas las ciudades de nombre eufónico que existen, el escritor pide ser Boston.

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