Supermán presidiendo a Frankenstein


Tras el fiasco de la investidura que no fue, los estrategas socialistas vuelven, como si tal cosa, al punto de partida: a plantearle a Podemos lo mismo que le ofrecían -un acuerdo de legislatura sin participación en el Ejecutivo- antes de que el PSOE aceptase lo que Podemos ya le había arrancado a Pedro Sánchez, es decir, un Gobierno de coalición con los de Iglesias, pero sin él en el Consejo de Ministros. 

Tal comportamiento solo puede tener dos explicaciones: o que, decidido ya el PSOE a ir a elecciones, todo este revival es un mero cuento que no persigue más finalidad que hacer a Podemos responsable ante la opinión pública (por supuesto, junto a Ciudadanos y el PP) de la nueva convocatoria electoral. O -posibilidad alternativa- que los dirigentes del PSOE, con una ceguera incomprensible a estas alturas, siguen aún creyendo que una investidura con el apoyo de Podemos (dentro o fuera del Gobierno), los votos del PNV y la abstención de los separatistas catalanes podría permitirles gobernar.

Dado que tal hipótesis resulta casi imposible de creer tras el bochornoso espectáculo de la cuarta semana de julio, cuando se demostró que un nuevo Gobierno Frankenstein solo sería en realidad, como ya lo fue tras el triunfo de la moción de censura, un formidable desgobierno, permanentemente al borde de la ruptura y rehén siempre de los separatistas, solo cabe pensar que Sánchez confía en superar todos los problemas que puedan planteársele actuando como un verdadero supermán.

Supermán, sí: un hombre común (Clark Kent) que, armado de su traje, hace frente a todos los desafíos que se le ponen por delante. La ventaja de Sánchez sobre Superman sería a todas luces evidente: mientras Clark Kent dispone de un traje únicamente (ridículo, sí, pero al fin y al cabo de poderes portentosos), el líder socialista tendría la posibilidad de recurrir a un montón de trajes (de disfraces, en realidad) diferentes para afrontar según qué necesidades. Ya presidente de un (des)gobierno Frankenstein podría Sánchez-Supermán disfrazarse de viernes sociales cuando fuera necesario para echar mano en economía de la demagogia populista; de desenterrador de Franco cuando tocara hacer de antifranquista; de socialista radical para denunciar a las tres derechas y de socialista moderado para poner en solfa el izquierdismo de Podemos; de choque de trenes si se tratase de atacar por los flancos a los partidos que no quieren saber nada con los separatistas, y de gran abanderado rojo y gualda si la cosa fuera de convencer a todos de que nadie defiende la unidad de España como el PSOE.

Es verdad, claro, que esos disfraces quizá le faciliten a Sánchez mantenerse en el poder, pero no le permitirían gobernar, es decir, dirigir durante una legislatura la política nacional con un proyecto coherente destinado a la defensa de los interés generales. Pero, ¿dónde está escrito que a Sánchez le preocupe gobernar?

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