ETA, Bildu y los sentimientos morales


La imagen de una niña de once o doce años aplaudiendo al etarra Xabier Ugarte durante su triunfal entrada en Oñate tras cumplir 22 años de prisión por haber participado, entre otras fechorías, en el secuestro de José Antonio Ortega Lara, es una de las más repulsivas que cabe imaginar. En la foto, de Gorka Estrada para Efe, nada falta de la parafernalia con que las organizaciones de la izquierda aberzale (Bildu entre ellas) homenajean a los criminales de ETA: bengalas, puños cerrados y, por supuesto, muchas ikurriñas. Detrás de una de ellas, en la izquierda de la imagen, con pantalón blanco, camiseta rosa y deportivas, vemos a nuestra niña, feliz de celebrar a un terrorista, como podría estarlo al jalear a su cantante favorito.

Hace 260 años publicó Adam Smith un libro clave de la filosofía política moderna (La teoría de lo sentimientos morales) en el que el economista escocés expone una tesis esencial: que es la capacidad de los humanos de colocarse en lugar de los que sufren -su empatía- la que genera los sentimientos morales que posibilitan una sociedad más pacífica y más justa: «Como carecemos de la experiencia inmediata de lo que sienten las otras personas -escribe Smith- no podemos hacernos ninguna idea de la manera en que se ven afectadas, salvo que pensemos cómo nos veríamos nosotros en la misma situación». Esa empatía hacia el dolor ajeno habría sido decisiva, según Lynn Hunt, catedrática en la Universidad de California, en La invención de los derechos humanos, título del libro donde la gran historiadora lo explica con notable brillantez.

No es, por eso, casual que en el lugar de España donde, debido a los atentados de ETA, se han vivido las únicas violaciones sistemáticas de los derechos humanos en nuestra reciente historia democrática, la empatía de los vascos nacionalistas hacia los no nacionalistas haya brillado por su ausencia. Docenas de miles de personas, dominadas por el virus nacionalista, letal para los sentimientos morales, son aun incapaces de colocarse en el lugar de los padres a los que los terroristas les arrebataron a sus hijos, o en el de los hijos huérfanos tras el tiro en la nuca o el coche bomba.

¿Aplaudiría la niña que ve en Ugarte a un héroe vasco, obviamente porque así se lo han transmitido quienes deberían haberla educado en la empatía y no en el odio, si se pusiera solo media hora en el lugar de los hijos de Ortega Lara, sepultado 532 días en un zulo de 3 metros de largo, por 2,5 de ancho y 1,8 metros de altura? ¿Creería entonces que el canalla sin corazón que es Ugarte merece sus aplausos?

Y, mientras todo esto sucede, el Gobierno vasco pide a la izquierda aberzale que cesen los homenajes a los etarras y el Gobierno español decide acudir a la fiscalía contra sus organizadores. Es decir contra aquellos que harán posible que el PNV y el PSOE gobiernen en Navarra. ¿Y los sentimientos morales? ¡A los sentimientos morales que les den!

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