Rivera e Iglesias, políticas paralelas


Parafraseando a Plutarco, y mutatis mutandis, Pablo Iglesias y Albert Rivera practican políticas paralelas. Los dos son jóvenes, casi de la misma edad, e irrumpieron en el escenario con la intención de romper el bipartidismo y regenerar la vida política, pero se han convertido en los representantes del bloqueo y la inestabilidad. El cordón sanitario de Rivera a los socialistas, mientras pacta con la ultraderecha, ha impedido formar una mayoría estable que, además, habría convertido en irrelevantes a los independentistas. El rechazo de Iglesias a investir a Sánchez ha hecho naufragar la posibilidad de instaurar un Gobierno de coalición de izquierdas, el primero en más de 80 años. Los dos creyeron que podían ser presidentes del Gobierno y hacer el sorpasso a los partidos tradicionales, pero no lo han conseguido. Rivera aún piensa que es posible llegar a la Moncloa superando al PP, y por eso se ha escorado a la derecha y llega a acuerdos con Vox; Iglesias sería un completo iluso si lo siguiera pensando. Los dos practican un populismo infantiloide, que ha hecho de la política un juego vacuo y un mero espectáculo. El naranja mediante la provocación programada; el morado, con sus habituales puestas en escena. Sus mensajes se reducen a eslóganes. En el caso del líder de Ciudadanos, «sanchismo», «banda» o «el plan Sánchez». Por parte de Iglesias, «casta» (en desuso desde la compra por la pareja dirigente del chalé de Galapagar), «Ibex 35» o «cloacas». Los dos han provocado con su hiperliderazgo autoritario la desbandada de algunos de los referentes más válidos de sus partidos. Y, en definitiva, los dos representan el fraude y el fracaso de la llamada «nueva política».

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